Esta mañana intentaba hacer un texto medianamente decente acerca de los sentimientos que se despiertan cuando se remueve el pasado. Quería dejar muy claro que no es justo que las personas envíen recuerdos que alborotan cosas en la mente y se hagan los muy inocentes.
En eso andaba cuando tuve una mañana atípica en la que aún ni desayunaba y ya era tarde, aún ni me bañaba y ya era tarde, todo por intentar escribir sin éxito, pero las palabras tuvieron la culpa, lo juro.
Me la pasé observandolas porque hoy no me tomaron en serio. No me permitieron ordenarlas, en cambio emprendieron juegos y anduvieron dando saltitos de hoja en hoja, en desorden, con una algarabía tal que ni pude enojarme con ellas. Me limité a ver como hacían su voluntad a costa de mis ganas por escribir algo serio.
Se intercambiaban letras minúsculas y mayúsculas, se cambiaban los acentos y escondían puntos y comas, todos los artículos se quedaron juntos y no logré acomodar a los verbos junto a los sujetos. Sin ton ni son anduvieron los pronombres. Las vocales a, e, i y o se pusieron agresivas y le arrebataban la diéresis a la u que no quería soltarla y se la rifaban entre ellas (¿se llamará bullyng gramatical?). La s se puso floja y le dejó todo el trabajo a la c y a la z ¿se imaginan? Menudas cosas que escribiría si el abecedario continuaba presa de la locura.
Ya no narro las otras "gracias", pensarán que estoy loca y seguramente no creerán lo que describo. Ni modo, me confieso incapaz de poner orden en mis palabras... será para la otra.