sábado, 19 de diciembre de 2009

Human cockroach

Y esa noche se lavó los dientes como nunca antes, quería borrar de su boca esos besos, los besos de la infamia. Su maldita arma mortal. Sabía que lo había aniquilado y se arrepentía. Nunca quiso hacerle daño.

Se miró en el espejo y se odió, se maldijo. Cepilló sus dientes, su lengua e incluso sus labios deseando borrar las huellas de su estupidez incluso de los labios de él. Quiso borrarle la memoria, regresar el tiempo.

Se odió por ser tan débil.

Esa noche se desprecio como nadie y como a nadie. Nunca creyó odiar. Esa noche odio como nunca antes, también se odiaba.

Se sintió la peor mujer del mundo ¿lo amaba? ¡quién sabe! no quería estar con él. No quería tenerle lastima y la estaba teniendo. Se aborrecía por eso y por todo.

No se reconocía, nunca supo en que momento cambió. Se sentía despreciable.

Por su soberbia, por no querer hacerlo sentir mal, se equivocó, no supo manejarlo... Y ahora el corazón de él estaba lacerado, encogido, sufría.

Se imaginó borrándose de la memoria de ese hombre.

En la vida nunca imaginó llegar a este momento. No imaginaba ser tan ponzoñosa, nunca imaginó causar tanto dolor. Se supo maldita. Descubrió lo peor de ella. No supo arreglar las cosas.

Quiso morir, desaparecer, desvanecerse... no para mitigar su sufrimiento, lo sentía justo; quería mitigar el dolor de él, hacer un pacto con el diablo, lo que fuera.

Esa noche durmió encogida, sintiéndose cucaracha.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Primer viaje

Ella llegó, solitaria como había estado en los últimos meses, con todas sus esperanzitas en una mochila naranja, su mochila favorita de todos los tiempos, su cómplice de tantas proezas universitarias, su bolsa carísima de París repleta con artículos de belleza que pretendía utilizar.

Al cruzar las puertas del aeropuerto se dio cuenta que se encontraba a mitad de la nada. Regresó a la calidez del interior, después de todo se sentía segura dentro. Se sentó, respiro profundamente, unos suspiros ahogados, se estaba preparando para enfrentarse a sus miedos, le costó trabajo. De pronto muchas dudas entraron en su mente. ¿Y si él no estaba? ¿Y si nunca más lo volvía a ver? ¿y si no encontraba la dirección? Quiso abordar el avión nuevamente, regresar a lo conocido. Quiso llorar...

De pie y en marcha, intempestiva e impredecible como siempre. Abordó un taxi y así soltó sus miedos.

Llegó al lugar, la esperaban, le entregaron una llave que abría la habitación 107. Él no estaba, ella echó un vistazo y solo encontró las pertenencias de él, quiso revisarlas, quiso buscar qué traía él consigo, decidió que mejor no, recordó que si bien la curiosidad no mató al gato, sí lo apendejó un rato y ella quería estar lista con todos sus sentidos para encontrarse con él.

Dejó mochila y bolsa junto con sus esperanzas, recargadas en la cama. Salió a dar un paseo. Deseo encontrarlo. Caminó sin rumbo, entró a un banco, realizó una llamada, revisó su correo electrónico, se compró una empalagosa nieve. Busco ingredientes para prepararle una rica ensalada a él, no tuvo suerte o quizás sí, no encontró los ingredientes, pero sabía que de todos modos la ensalada no le habría gustado así es que sonrió. Volvió.

Él ya se encontraba en la habitación y aunque deseaba verla tanto o más que ella a él, cuando ella llamó a la puerta, él abrió con desgana, pensando que era alguien más, aún no había notado su mochila naranja.

Cuando estuvieron de frente, fue mágico, se iluminaron el uno al otro. Se miraron hermosamente, se sonrieron y se abrazaron.

Se contaron los pormenores del viaje que ambos y por separado habían hecho para encontrarse en la habitación 107 del Hotel Casa Blanca.

Decidieron recostarse, a pesar del viaje ninguno estaba cansado, pero querían estar juntos, muy cerca y cada vez más. Se dejaron llevar el uno por el otro, todo lo detonó un beso y les fue imposible parar. No querían detenerse. Se amaron, se conocieron, fueron delicados, fueron agresivos. Querían devorarse. Lo hicieron...

Se calmaron, se besaron y un abrazo que duró una eternidad los mantuvo juntos por mucho tiempo. Salieron, caminaron un rato y fueron a comer algo.

Edificios viejos

¡Cuántas veces lo he pensado! Edificios viejos para una fantasía sexual.

Entrar ahí, seguro estará húmedo, polvoso, un edificio en ruinas, seguro sí. Tal vez en las escaleras, tal vez en la ventanas...

Si sigo aquí no dejará de darme vueltas esa idea... ¡carajo! ¿por qué no solo me voy a casa y ya?

Recuerdos de infancia

Reviví mi niñez, yo atrás del vidrio observándote y tú siempre tan mono, tan coqueto, con esa sonrisa de millón, tocándote la nuca rapada.

Seguimos igual.

Espero que algún día te des cuenta que he crecido ¡ya no soy una niña!

Tú ahí vas, sin saber que te observo, besas a esa mujer que más bien parece hombre, subes a tu auto gris y ¡voilá! desapareces...

Me quedo aquí, con hambre y con la esperanza de algún día.

martes, 20 de octubre de 2009

¿A qué sabe la felicidad? Toma 1

Despertó muy temprano, casi al amanecer, era lunes. Lejos de estar molesta por haber dormido únicamente tres horas, se sentía emocionada, estaba decidida a encontrar el sabor de la felicidad, saborearlo y disfrutarlo. Se levantó apresuradamente, era una señal, cosquillas en la panza, pero no mariposas, cosquillas extrañas. Añadir imagen

Días antes, en una reunión familiar una de sus pequeñas sobrinitas (en su familia abundan esos pequeños seres llamados niños que por el simple hecho de existir hacen de este mundo un mejor lugar para vivir)le preguntó cual era el sabor de la felicidad, ella sintió un frío invasor que recorría todo su cuerpo, raro en ella, pero se puso nerviosa al no saber la respuesta. Con su complejo de saberlo todo y lo que no inventarlo (acostumbrada a inventar, por eso de desconocer mucho) en ese momento solo atinó a responder que la felicidad sabe a crack ups y corriendo salió a la tienda a comprar un sobrecito de estos dulces para la pequeña preguntona.

Su sobrinita quedó contenta, tal vez por la respuesta o solo por los dulces, pero ella no, ella ahora estaba inquieta, desconocía el sabor de la felicidad y quería encontrarlo. Se dispuso a ello.

Fue así como comenzó su día, con la interrogante y las cosquillas en la panza saltó de la cama y lo primero que hizo fue abrir sus persianas, desde la ventana observó el amanecer, hace mucho que no lo veía y quedó extasiada con los tonos violáceos de esa mañana, recordó los tiempos de la preparatoria, de cuando salía muy temprano de casa y en lugar de ir a sus clases de inglés que la aburrían a muerte, se iba al hospital a desayunar con su tío, era toda una aventura, al principio era una odisea poder entrar hasta aquella habitación del hospital sin ser interceptada por los guardias, llegar con su tío y acompañarlo en el desayuno, inventarles una confusa historia a las enfermeras para no ser delatada y salir huyendo antes de la hora de las visitas para no ser vista por ningún familiar suyo, al hacer eso constantemente todo fue cambiando, llegaba saludando a todo el hospital, las enfermeras llevaban doble porción de gelatina y dos tacitas de té, el señor de la cafetería le regalaba una dona y su tío guardaba el secreto, nadie debía enterarse que ella faltaba a sus clases, todo eran risas, la complicidad era divertida hasta que su tío fue dado de alta y sin esas visitas matinales ella regresó a la rutina del inglés.

Desde su ventana sonrió al recordar esas aventuras, continuó con la mirada perdida en el horizonte, quiso comerse el cielo, parecía un algodón de azúcar.

En ese momento más memorias vinieron a su mente, recordó cuanto le gustaban los algodones de azúcar, recordó que cuando pequeña, su papá, a escondidas de su madre, le compraba las deliciosas golosinas, se recordó junto a su hermano en los diciembres que iban a la Alameda a fotografiarse con los Reyes Magos y entonces ellos corrían y saltaban persiguiendo las tiritas de algodón que salían de las grandes cazuelas y volaban hasta perderse en el cielo, quedarse en las ramas o ser atrapados por niños mas audaces que ellos. Añoró su infancia.

Al imaginar el sabor del algodón de azúcar, también recordó aquella tarde en que por vez primera se ponían ofrendas en el Zócalo de la Ciudad, ella había ido con él, apenas se conocían, eran amigos y entre ellos se sentía algo… poniéndose cursi pensó “amor”. Sonrió al recordar los besos no dados aquella tarde en la que comían algodón de azúcar, en esa tarde en la que ella cayó al vacío y se enamoró perdidamente.

jueves, 1 de octubre de 2009

Y yo no sabía francés...

Era un día común y corriente, de lo contrario recordaría la fecha. Salimos de la escuela y juntos emprendimos el camino a casa... No recuerdo cuál camino, ni recuerdo si íbamos a su casa, a la mía o a la de la tía... En la casa de la tía estaba yo sola viendo televisión en una pantalla que ocupaba toda una pared, -algo exagerado- pensé... Habían cinco o seis cachorritos, tal vez eran solo dos, aunque de hecho solo recuerdo uno... Yo jugaba con el torpe perrito, lo ponía en la gigantesca cama, igual de exagerada que la pantalla, y lo dejaba caminar hasta que estuviera al borde del abismo, entonces lo observaba dudar para dar el siguiente paso, lo cogía antes de que tomara su decisión y lo ponía en otra parte de la cama, el perro tonto repetía siempre la misma acción y yo más tonta lo observaba bobamente.

Él tocó el timbre ¡chin! yo no estaba lista ¿para qué? no recuerdo, pero la sensación era que yo no estaba lista, no le quería abrir ¡aún no estaba lista! mi corazón comenzó a latir con mucha fuerza, salió huyendo, cruzó el Atlántico y volvió justo en el momento en que abrí la puerta.

Nos besamos, fue un beso común y corriente, un beso de bienvenida, de esos sin emoción que se dan más por costumbre, sus labios eran otros, era él, pero sus labios eran de otro...

Me tomó por la cintura y así subimos las largas escaleras de caracol que parecían no tener fin. Él, yo, ambos llevábamos prisa y fuimos directo a la cama, que ya no era tan grande, no puse resistencia, comenzó a besar mi cuello y ¡oh! eso desencadenó todo.

Nos envolvimos en una burbuja de besos y caricias. Todo lo demás era borroso, la poca luz que iluminaba la habitación llenaba todo con sombras cómplices, la temperatura de nuestros cuerpos se elevó en un instante, sus manos eran suaves como siempre, pero yo no las reconocía; su cabello estaba más largo de lo normal... ahí estábamos, despojados de la ropa y de las inhibiciones, entregándonos, confiando uno en el otro

De pronto me pidió que le hablará en francés, por un segundo quedé inmóvil, no entendía para que quería que le hablara en ese idioma, o en otro, o por que quería escucharme... Yo sabía el efecto de las groserías durante el sexo, pero... ¿palabras en otro idioma? No se me ocurría alguna... De pronto... ¡pf! ¡los números!

- un
- ¿qué más? (mientras me sujetaba con más fuerza)
- deux (yo conteniendo el aliento)
- sigue (con un susurro en la oreja)
- trois (apenas sonoro)
- más, más, más...
- quatre... cinq... ¡six!
- bien, el que sigue (nuestra respiración más agitada que antes)
- huit
-¡no! te falta el siete... ¡vamos!

Empezó a faltarme el aire, con sus manos y sus labios por todo mi cuerpo, no podía concentrarme, quería decirlo, quería recordarlo, no quería que el juego terminara por un maldito siete... Sus manos me presionaban para que yo buscara esa palabra en todos los recovecos de mi cerebro... ¡nada! solo sentía y quería seguir sintiendo, quería seguir estremeciéndome entre su cuerpo...

¡Sept! lo recordé, lo grité y abrí los ojos... De nuevo estaba ahí, en mi habitación, con la luz apagada, a las cuatro de la mañana, un día entre semana y sola...

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Jardines de Luxemburgo

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Lleva mucho tiempo esperando, los otros ya se han desvanecido igual que él, el tiempo los borró, algunos solo permanecen en libros; ella sigue ahí, inmóvil, mirando al horizonte en aquellos jardines que obtuvo para disfrutarlos cuando él volviera.

La gente pasa, turistas, oficinistas, migrantes, parisinos. Nadie la reconoce.

Sus días se han hecho años, años que se hicieron siglos...

María siempre ahí y Enrique nunca vuelve.

martes, 8 de septiembre de 2009

Filosofía de pollo

El pollo dice que no me altere, que es solo un berrinche, que ya pasará, que no siempre tiene que ser como yo diga...

Yo pienso: ¡maldito pollo!

jueves, 3 de septiembre de 2009

Frase de película

-¿Por qué miras el agua?

-No miro el agua, miro lo que se mira cuando miro el agua...

Otra incongruencia

Septiembre anuncia la última parte del año ¡el mejor cuatrimestre! De aquí a fin de año me gusta todo, mis días empiezan a ir mejor, los días grises que me encantan son más frecuentes y el frío que disfruto me acompaña todos los días... ya huele a fin de año.
A disfrutar de los momentos, el clima, la compañía y las comidas, me emociono cuando me invitan a comer chiles en nogada, cuando familia y amigos empiezan a organizar los festejos del día de la Independencia y cuando todos los antojitos están tan al alcance de mi mano que ya me los saboreo, a pesar de que no soy muy nacionalista, los festejos cursis como este, me gustan mucho, ya me veo rodeada de gente y gritando ¡viva! ¿por los héroes que nos dieron patria y libertad?

Llega octubre con su aire gélido y sus lunas brillantes, octubre siempre es un buen mes para enamorarse, me he enamorado en octubre. Seguro que empezarán los preparativos para Cancún, el Cervantino, el congreso de la AMEI y durante todo eso aguantaré mi dolor octubrino, siempre llega, ese canijo dolor de ombligo...

Noviembre viene con el recuerdo de la muerte de mi tío Héctor y con el dulce de calabaza, las calaveras de chocolate, las flores de cempazuchitl, el papel picado, veladoras, ofrendas, convivencia con los muertos, días de ausencias y melancolías.

Diciembre y las posadas, el ponche reconfortante en noches tristes, frías y solitarias, mis diciembres siempre son solitarios, este llegará con promesas de visitas anheladas, de encuentros deseados y de promesas por cumplir.

Y aunque los últimos cuatro meses me encantan y aunque creo que es la mejor parte del año, estoy a-te-rra-da... saber que ya se acaba un año más, que llega el grito y luego el halloween, el día de muertos y después el cumpleaños de la China que indica que ya estamos terminando noviembre, las posadas, navidad y año nuevo... fin.
Mientras escribo esto sonrío y pienso en lo bien que la pasaré de aquí a enero, pero también pienso que paso otro año sin resultados, sigo sin ver las cosas claras... termina el año y no cumplí mis propósitos, no tengo la beca y el pantalón azul sigue sin subir, no pasa de la cadera y no es el único, ni el morado, ni el negro ya cierran... no tengo otro empleo, no he escrito nada para la escuela, aún soy muy enojona, agh... ¡un desastre por hoy!

sábado, 29 de agosto de 2009

De vuelta

Una vez más acá, el lugar en el que he encontrado cosas maravillosas y gente que se queda en tu corazoncito pa' toda la vida...
Tengo unos cinco minutos libres y quería compartir mi emoción, dejaré la máquina y seguro que tendré un buen día, aquí esa es la única constante, lo único seguro, la pasaré bien y algo me dejará con la boca abierta para recordarme que todavía hay muchas cosas que desconozco y un infinito más para sorprenderme.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Coffee lie

Descafeinado. Lo tomaba así para engañarse, para poder mantenerse despierta en sus lecturas nocturnas y para no sufrir de insomnio cuando las terminara.

Un engaño.

jueves, 20 de agosto de 2009

Juke Box

Aunque en realidad ella no se sentía una maquinita de música, sentía que traía una juke box dentro, que las canciones iban pasando una a una y le iban cambiando la respiración, el ritmo con que parpadeaba y la intensidad de su sonrisa, según la melodía.

Se sentía dichosa, afortunadamente su juke box interna tenía buenas elecciones y todas las canciones eran felices o al menos ella lo creía así. Por eso caminaba dando saltitos de vez en cuando y también de cuando en cuando hacía piruetas, la gente en la calle volteaba a verla y pensaba que estaba loca ¡pero no! No estaba loca... ¡estaba feliz!

miércoles, 5 de agosto de 2009

Martes gris

Aún cansada por el viajecito a Mi-acatlán, ayer por la tarde tenía pensado no desvelarme, salir corriendo de la oficina para llegar a mi casa y meterme a las cobijas y descansar.

Nunca logro tal objetivo, salgo de la oficina y algo se presenta, una llamada, un correo, la librería, la biblioteca, un cafecito, o un mensaje me detienen y en lugar de tomar el transporte a casa, siempre me dirijo a otro lado ¿qué hacer? Me gusta la vagancia (diría mi mamá).

Ayer, antes de la hora de la comida, recibí un correo que convocaba a una reunión en el ya conocido lugar que se encuentra en el andador de Regina. No podía negarme, a pesar de que ya no me gustan las cervezas (de nuevo), compartir una tarde lluviosa con amigos se me hizo el mejor plan para un martes gris.

Salí de la oficina y caminé bajo la lluvia disfrutando cada gota, hace mucho que no lo hacía, los tacones y la ropa de tintorería no se llevan con la lluvia, desde que trabajo no me había mojado como ayer, ya lo extrañaba. Después de 20 minutos de lluvia, llegué al lugar de la reunión, algunos ya estaban, otros fueron llegando pasada la media hora.

Todo era perfecto, afuera una lluvia torrencial y relámpagos seguidos de truenos estruendosos, yo adentro con buenos amigos. Entre la cerveza amarga, la botana medio rancia y la deliciosa charla yo estaba tan encantada que ni tiempo tuve de asustarme por los truenos.
La conversación pasó por el concierto de la Sonora Santanera a los viajes a Chiapas, de los amores extranjeros a las borracheras no planeadas, de las épocas de la universidad a las pláticas sobre el trabajo, andábamos en los planes para el Cervantino o el viajecito a Buenos Aires o Santiago cuando recibí una llamada telefónica, un amigo quería ir a mi casa a recoger una mezcladora y una bocina que había dejado un domingo antes al volver del increíble fin de semana en Mi-acatlán.

Sin yo quererme ir, pero con la opción de llegar en coche a mi casa y lo mejor es que yo no iría manejando, acepté que pasara por mí. Pensé que llegaría rapidísimo, a las nueve de la noche ya no hay tantos coches en la ciudad (ajá).

Dos horas y media más tarde seguíamos en el auto, el tránsito estaba detenido, las gotas de lluvia se multiplicaban infinitamente, el metro no servía y toda la gente invadía los carriles de circulación buscando un modo de llegar a casa, era muy tarde y los coches no avanzaban, recordé a Cortázar y su autopista del sur, me asusté, pensé que era una pesadilla…

… pasada la media noche llegamos a casa, el recuento de los daños: tres horas de camino, tres pasajeros más; dos señoras y mi hermano al que encontramos en la multitud abandonada a su suerte, mucha hambre y mucho sueño.

Ni modo, otro día que llego a casa a la media noche… ya estoy más que acostumbrada.

lunes, 13 de julio de 2009

Con dedicatoria

Murakami dice:
“A veces el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar.”

Y ahí vamos nosotros queriendo esquivarla, buscando atajarnos sin éxito. ¿Y es que cómo podríamos tener éxito si la tormenta somos nosotros?
Afortunadamente saldremos de ella, afortunadamente saldrás de esta tormenta, eso es seguro. Por ahora busca la manera de atravesarla. Cuida tus ojos para que puedas ver el camino, para que veas que delante de ti, al pasar la tormenta, el sendero continúa. También cuida tus oídos, para que con ellos puedas escuchar sabios consejos que te indiquen la dirección correcta.

Qué más quisiera yo alejarte de la tormenta y llevarte a un Oasis, pero el Oasis solo puedes encontrarlo tú.

No puedo prometerte que al terminar esta tormenta no encontrarás otras, lo único que puedo hacer es prometerte que saldrás de esta, que mientras te encuentres en ella yo iré a tu lado y cuando salgas, encantada compartiré tu Oasis, y si en el camino se te atraviesan más tormentas también te acompañaré.

Lo importante de todo esto es que al terminar la tormenta de arena habrás aprendido algo…

Deseo que pronto termine tu tormenta.

domingo, 3 de mayo de 2009

Y así fue...

Y así fue, ahí estaba yo esperándote. Después de tanto no lo hubiera imaginado, pero así era.

Confundí tu coche algunas veces y tontamente saludé a algunas personas que me veían con cara de sorpresa, tal vez por la confusión o tal vez por mi atuendo. Hoy fue así, todos volteaban a verme. Por bonita, por ridícula, por interesante, por folclórica, por el buen gusto, por el malo… ¡quién sabe!

Llegaste con esa sonrisa y esos ojos que me encantan, subí al coche y no pude evitar saludarte con un beso en la comisura de los labios, no te conformaste con eso y buscaste el beso en la boca. Cedí. También lo deseaba. Iríamos a comer y no sabíamos a donde, propusiste el mercado, supe que no querías ir allá pero necesitabas tiempo para pensar en otro lado, yo definitivamente no tenía ganas de proponer algo. Emprendimos el camino y se nos cruzó un cafecito, pensé q no era tanta coincidencia y que seguramente tú ya habías ido, más tarde lo confirmé.

El lugar estaba lindo, la comida buena, la compañía inmejorable para ese momento. Platicamos muy a gusto, contándonos los pormenores de los últimos meses. Yo de mi viaje, tú de tu tedio, yo
de mi depresión, tú de tu amargura. De todo un poco. Comimos rico… comeríamos mejor.

sábado, 2 de mayo de 2009

Pongámonos de acuerdo

Viviendo siempre a deshoras, queriendo sin querer. Y es que no, que eso no está bien ¡tantos porqués convertidos en peros!

¿Loca yo?

Dicen que de músico, poeta y loco, todos tenemos un poco. Tengo 24 y lo único que tengo es locura.

jueves, 23 de abril de 2009

Me falta tiempo

Y pienso que tal vez solo sea tiempo lo que me falta para enamorarme de ellos, de ellos que llegan a mi vida con sus vidas anteriores, a mi vida complicada, a mi vida agitadamente cotidiana. Llegan a mi vida pretenciosa, mi vida que pretende ser la muy interesante y que al final siempre es lo mismo. Un café el lunes, y el bar en martes, cervezas los miércoles y alguna inauguración en jueves, los viernes de amigos, sábados de fiesta y domingo en familia. Siempre así, con un libro en la bolsa, aunque a veces solo pueda leer dos párrafos, si es que me toca asiento en el metro y el cansancio de esta vida agitada me permite tener los ojos abiertos y la mente despejada.

Ellos llegan y me gustan y yo pienso que no tengo tiempo, tiempo para conocerlos, con concierto y cerveza en lunes e inauguración en martes, cafecito en miércoles y cine el jueves, con viernes de amigos, sábado de fiesta y domingo en familia, no hay tiempo, nunca hay tiempo.

Y ellos continúan su camino, se van lejos y yo me quedo con mi vida agitadamente cotidiana.

jueves, 16 de abril de 2009

Sala Nezahualcóyotl

Eraun día nublado y un poco frío, yo usaba calcetitas azules arriba de la rodilla y un vestido “easy acess” como los define Cinthia. Nos encontramos en el Centro Cultural y nos abrazamos muy fuerte por tantos ayeres distantes. Nuestros rostros estaban muy cerca y no pudimos evitarlo, nos besamos.

Nos miramos y supimos que queríamos lo mismo, nos deseábamos el uno al otro. Sin pensarlo demasiado empezamos a buscar un lugar, un rincón escondido, la sombra de un árbol o cualquier espacio que fuera cómplice de nuestro deseo y que escondiera nuestra aventura. Algunos amigos me han contado que no es difícil encontrar un lugar de esos por ahí, nosotros no teníamos suerte. No recuerdo en qué momento entramos al recinto, subimos tantas escaleras que al pisar el último escalón, yo estaba exhausta. Entramos a la sala e inmediatamente me tiré en una butaca, la melodía que venía del centro del escenario era exquisita. Con la ayuda del sonido pronto me recuperé, aún te deseaba y tú a mí.

Mejor lugar no podíamos haber encontrado, un ensayo, ningún espectador, nosotros solos y un concierto como compañía, nos entregamos al deleite, de ti, de mí, de la música, los sabores, el sonido, las emociones…

De pronto desperté, era martes, estaba en la sala repleta de gente, casi frente al escenario, a mi lado estaba Athenea, estábamos en un concierto y no estabas tú.

lunes, 30 de marzo de 2009

Desde el Sahara para mí!

Hablando de ausencias y lejanías...


Fue un placer despertar esta mañana, prender la computadora y encontrar este video que llega directito del Sahara.


Yo sabía que algo increíble sucedería...




“La esperanza del Sahara Occidental”

Lo que pareciera un mar de arena
es un territorio lleno de esperanzas
que están brindadas por su gente

Aunque paradójicamente un desierto
es un lugar sin vida,
lo cierto es que la vitalidad se la
ha venido dando por más de tres décadas
el pueblo emprendedor que es
el producto de la combinación bereber
con las tribus africanas

Su historia no ha sido
la más afortunada, pero
los grandes pueblos siempre
son recordados por su temple y
fortaleza, por eso
el saharaui siempre ha estado y
seguirá estando en el colectivo
social como la Nación africana
que en el Siglo XX
más tiempo y esfuerzos le
tomó serlo, enfrentándose para ello
a las más horrendas
potencias anárquicas que se han conocido:
las ambiciones de poder y dinero,
atropellando los derechos elementales
de cualquier ser humano.

Todos los movimientos sociales que
apoyan la causa saharaui son el ancla
de la esperanza de este maravilloso pueblo
del que muchos de nosotros
debemos aprender a que así
como ellos lo han hecho, así
se templo el acero…
…como bien lo diría Nikolai Ostrovski

Con el esfuerzo de todos…y aunque
tengan que transcurrir cien años…
…el Sahara Occidental será Libre.

Malak



domingo, 22 de marzo de 2009

24 el 24

Próxima a cumplir 24, con ganas de festejar, sin lugar para el festejo.

martes, 17 de marzo de 2009

La ausencia lima y destruye una relación.

Hoy desperté y fue lo primero que leí… “la ausencia lima y destruye una relación”. Eso dice Cortázar en su "Último Round". Al momento de leerla no le tome importancia, cuando la cabeza se me despejó un poco al llegar a la oficina a tiempo y en ayunas, y acabar con los pendientes del largo fin de semana, la frase comenzó a brincar en mi mente como una pulga de circo. Me asusté, mis relaciones están basadas en la ausencia.

Afortunadamente descubrí que existen varios tipos de ausencia, y aunque físicamente muchos pedacitos de mi vida se encuentran lejos y he estado privada de ellos, siguen existiendo y están presentes.

Desde hace ya algún tiempo mis relaciones han estado basadas en la ausencia, en esa ausencia que trae consigo la melancolía y la añoranza. Esa ausencia que provoca estar más presente que nunca, esa ausencia que encadena los recuerdos a las cosas más simples como escuchar tal o cual canción, comer un trozo de pizza o beber una cerveza.

En mi caso las ausencias fortalecen relaciones.