Y esa noche se lavó los dientes como nunca antes, quería borrar de su boca esos besos, los besos de la infamia. Su maldita arma mortal. Sabía que lo había aniquilado y se arrepentía. Nunca quiso hacerle daño.
Se miró en el espejo y se odió, se maldijo. Cepilló sus dientes, su lengua e incluso sus labios deseando borrar las huellas de su estupidez incluso de los labios de él. Quiso borrarle la memoria, regresar el tiempo.
Se odió por ser tan débil.
Esa noche se desprecio como nadie y como a nadie. Nunca creyó odiar. Esa noche odio como nunca antes, también se odiaba.
Se sintió la peor mujer del mundo ¿lo amaba? ¡quién sabe! no quería estar con él. No quería tenerle lastima y la estaba teniendo. Se aborrecía por eso y por todo.
No se reconocía, nunca supo en que momento cambió. Se sentía despreciable.
Por su soberbia, por no querer hacerlo sentir mal, se equivocó, no supo manejarlo... Y ahora el corazón de él estaba lacerado, encogido, sufría.
Se imaginó borrándose de la memoria de ese hombre.
En la vida nunca imaginó llegar a este momento. No imaginaba ser tan ponzoñosa, nunca imaginó causar tanto dolor. Se supo maldita. Descubrió lo peor de ella. No supo arreglar las cosas.
Quiso morir, desaparecer, desvanecerse... no para mitigar su sufrimiento, lo sentía justo; quería mitigar el dolor de él, hacer un pacto con el diablo, lo que fuera.
Esa noche durmió encogida, sintiéndose cucaracha.
sábado, 19 de diciembre de 2009
Human cockroach
lunes, 7 de diciembre de 2009
Primer viaje
Al cruzar las puertas del aeropuerto se dio cuenta que se encontraba a mitad de la nada. Regresó a la calidez del interior, después de todo se sentía segura dentro. Se sentó, respiro profundamente, unos suspiros ahogados, se estaba preparando para enfrentarse a sus miedos, le costó trabajo. De pronto muchas dudas entraron en su mente. ¿Y si él no estaba? ¿Y si nunca más lo volvía a ver? ¿y si no encontraba la dirección? Quiso abordar el avión nuevamente, regresar a lo conocido. Quiso llorar...
De pie y en marcha, intempestiva e impredecible como siempre. Abordó un taxi y así soltó sus miedos.
Llegó al lugar, la esperaban, le entregaron una llave que abría la habitación 107. Él no estaba, ella echó un vistazo y solo encontró las pertenencias de él, quiso revisarlas, quiso buscar qué traía él consigo, decidió que mejor no, recordó que si bien la curiosidad no mató al gato, sí lo apendejó un rato y ella quería estar lista con todos sus sentidos para encontrarse con él.
Dejó mochila y bolsa junto con sus esperanzas, recargadas en la cama. Salió a dar un paseo. Deseo encontrarlo. Caminó sin rumbo, entró a un banco, realizó una llamada, revisó su correo electrónico, se compró una empalagosa nieve. Busco ingredientes para prepararle una rica ensalada a él, no tuvo suerte o quizás sí, no encontró los ingredientes, pero sabía que de todos modos la ensalada no le habría gustado así es que sonrió. Volvió.
Él ya se encontraba en la habitación y aunque deseaba verla tanto o más que ella a él, cuando ella llamó a la puerta, él abrió con desgana, pensando que era alguien más, aún no había notado su mochila naranja.
Cuando estuvieron de frente, fue mágico, se iluminaron el uno al otro. Se miraron hermosamente, se sonrieron y se abrazaron.
Se contaron los pormenores del viaje que ambos y por separado habían hecho para encontrarse en la habitación 107 del Hotel Casa Blanca.
Decidieron recostarse, a pesar del viaje ninguno estaba cansado, pero querían estar juntos, muy cerca y cada vez más. Se dejaron llevar el uno por el otro, todo lo detonó un beso y les fue imposible parar. No querían detenerse. Se amaron, se conocieron, fueron delicados, fueron agresivos. Querían devorarse. Lo hicieron...
Se calmaron, se besaron y un abrazo que duró una eternidad los mantuvo juntos por mucho tiempo. Salieron, caminaron un rato y fueron a comer algo.
Edificios viejos
Entrar ahí, seguro estará húmedo, polvoso, un edificio en ruinas, seguro sí. Tal vez en las escaleras, tal vez en la ventanas...
Si sigo aquí no dejará de darme vueltas esa idea... ¡carajo! ¿por qué no solo me voy a casa y ya?
Recuerdos de infancia
Seguimos igual.
Espero que algún día te des cuenta que he crecido ¡ya no soy una niña!
Tú ahí vas, sin saber que te observo, besas a esa mujer que más bien parece hombre, subes a tu auto gris y ¡voilá! desapareces...
Me quedo aquí, con hambre y con la esperanza de algún día.
martes, 20 de octubre de 2009
¿A qué sabe la felicidad? Toma 1


Su sobrinita quedó contenta, tal vez por la respuesta o solo por los dulces, pero ella no, ella ahora estaba inquieta, desconocía el sabor de la felicidad y quería encontrarlo. Se dispuso a ello.
Fue así como comenzó su día, con la interrogante y las cosquillas en la panza saltó de la cama y lo primero que hizo fue abrir sus persianas, desde la ventana observó el amanecer, hace mucho que no lo veía y quedó extasiada con los tonos violáceos de esa mañana, recordó los tiempos de la preparatoria, de cuando salía muy temprano de casa y en lugar de ir a sus clases de inglés que la aburrían a muerte, se iba al hospital a desayunar con su tío, era toda una aventura, al principio era una odisea poder entrar hasta aquella habitación del hospital sin ser interceptada por los guardias, llegar con su tío y acompañarlo en el desayuno, inventarles una confusa historia a las enfermeras para no ser delatada y salir huyendo antes de la hora de las visitas para no ser vista por ningún familiar suyo, al hacer eso constantemente todo fue cambiando, llegaba saludando a todo el hospital, las enfermeras llevaban doble porción de gelatina y dos tacitas de té, el señor de la cafetería le regalaba una dona y su tío guardaba el secreto, nadie debía enterarse que ella faltaba a sus clases, todo eran risas, la complicidad era divertida hasta que su tío fue dado de alta y sin esas visitas matinales ella regresó a la rutina del inglés.
Desde su ventana sonrió al recordar esas aventuras, continuó con la mirada perdida en el horizonte, quiso comerse el cielo, parecía un algodón de azúcar.
En ese momento más memorias vinieron a su mente, recordó cuanto le gustaban los algodones de azúcar, recordó que cuando pequeña, su papá, a escondidas de su madre, le compraba las deliciosas golosinas, se recordó junto a su hermano en los diciembres que iban a la Alameda a fotografiarse con los Reyes Magos y entonces ellos corrían y saltaban persiguiendo las tiritas de algodón que salían de las grandes cazuelas y volaban hasta perderse en el cielo, quedarse en las ramas o ser atrapados por niños mas audaces que ellos. Añoró su infancia.
Al imaginar el sabor del algodón de azúcar, también recordó aquella tarde en que por vez primera se ponían ofrendas en el Zócalo de la Ciudad, ella había ido con él, apenas se conocían, eran amigos y entre ellos se sentía algo… poniéndose cursi pensó “amor”. Sonrió al recordar los besos no dados aquella tarde en la que comían algodón de azúcar, en esa tarde en la que ella cayó al vacío y se enamoró perdidamente.
jueves, 1 de octubre de 2009
Y yo no sabía francés...
Él tocó el timbre ¡chin! yo no estaba lista ¿para qué? no recuerdo, pero la sensación era que yo no estaba lista, no le quería abrir ¡aún no estaba lista! mi corazón comenzó a latir con mucha fuerza, salió huyendo, cruzó el Atlántico y volvió justo en el momento en que abrí la puerta.
Nos besamos, fue un beso común y corriente, un beso de bienvenida, de esos sin emoción que se dan más por costumbre, sus labios eran otros, era él, pero sus labios eran de otro...
Me tomó por la cintura y así subimos las largas escaleras de caracol que parecían no tener fin. Él, yo, ambos llevábamos prisa y fuimos directo a la cama, que ya no era tan grande, no puse resistencia, comenzó a besar mi cuello y ¡oh! eso desencadenó todo.
Nos envolvimos en una burbuja de besos y caricias. Todo lo demás era borroso, la poca luz que iluminaba la habitación llenaba todo con sombras cómplices, la temperatura de nuestros cuerpos se elevó en un instante, sus manos eran suaves como siempre, pero yo no las reconocía; su cabello estaba más largo de lo normal... ahí estábamos, despojados de la ropa y de las inhibiciones, entregándonos, confiando uno en el otro
De pronto me pidió que le hablará en francés, por un segundo quedé inmóvil, no entendía para que quería que le hablara en ese idioma, o en otro, o por que quería escucharme... Yo sabía el efecto de las groserías durante el sexo, pero... ¿palabras en otro idioma? No se me ocurría alguna... De pronto... ¡pf! ¡los números!
- un
- ¿qué más? (mientras me sujetaba con más fuerza)
- deux (yo conteniendo el aliento)
- sigue (con un susurro en la oreja)
- trois (apenas sonoro)
- más, más, más...
- quatre... cinq... ¡six!
- bien, el que sigue (nuestra respiración más agitada que antes)
- huit
-¡no! te falta el siete... ¡vamos!
Empezó a faltarme el aire, con sus manos y sus labios por todo mi cuerpo, no podía concentrarme, quería decirlo, quería recordarlo, no quería que el juego terminara por un maldito siete... Sus manos me presionaban para que yo buscara esa palabra en todos los recovecos de mi cerebro... ¡nada! solo sentía y quería seguir sintiendo, quería seguir estremeciéndome entre su cuerpo...
¡Sept! lo recordé, lo grité y abrí los ojos... De nuevo estaba ahí, en mi habitación, con la luz apagada, a las cuatro de la mañana, un día entre semana y sola...
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Jardines de Luxemburgo
Lleva mucho tiempo esperando, los otros ya se han desvanecido igual que él, el tiempo los borró, algunos solo permanecen en libros; ella sigue ahí, inmóvil, mirando al horizonte en aquellos jardines que obtuvo para disfrutarlos cuando él volviera.
La gente pasa, turistas, oficinistas, migrantes, parisinos. Nadie la reconoce.
Sus días se han hecho años, años que se hicieron siglos...
María siempre ahí y Enrique nunca vuelve.
martes, 8 de septiembre de 2009
Filosofía de pollo
Yo pienso: ¡maldito pollo!
jueves, 3 de septiembre de 2009
Otra incongruencia
Llega octubre con su aire gélido y sus lunas brillantes, octubre siempre es un buen mes para enamorarse, me he enamorado en octubre. Seguro que empezarán los preparativos para Cancún, el Cervantino, el congreso de la AMEI y durante todo eso aguantaré mi dolor octubrino, siempre llega, ese canijo dolor de ombligo...
Noviembre viene con el recuerdo de la muerte de mi tío Héctor y con el dulce de calabaza, las calaveras de chocolate, las flores de cempazuchitl, el papel picado, veladoras, ofrendas, convivencia con los muertos, días de ausencias y melancolías.
Diciembre y las posadas, el ponche reconfortante en noches tristes, frías y solitarias, mis diciembres siempre son solitarios, este llegará con promesas de visitas anheladas, de encuentros deseados y de promesas por cumplir.
Y aunque los últimos cuatro meses me encantan y aunque creo que es la mejor parte del año, estoy a-te-rra-da... saber que ya se acaba un año más, que llega el grito y luego el halloween, el día de muertos y después el cumpleaños de la China que indica que ya estamos terminando noviembre, las posadas, navidad y año nuevo... fin.
sábado, 29 de agosto de 2009
De vuelta
miércoles, 26 de agosto de 2009
Coffee lie
jueves, 20 de agosto de 2009
Juke Box
Se sentía dichosa, afortunadamente su juke box interna tenía buenas elecciones y todas las canciones eran felices o al menos ella lo creía así. Por eso caminaba dando saltitos de vez en cuando y también de cuando en cuando hacía piruetas, la gente en la calle volteaba a verla y pensaba que estaba loca ¡pero no! No estaba loca... ¡estaba feliz!
miércoles, 5 de agosto de 2009
Martes gris
Nunca logro tal objetivo, salgo de la oficina y algo se presenta, una llamada, un correo, la librería, la biblioteca, un cafecito, o un mensaje me detienen y en lugar de tomar el transporte a casa, siempre me dirijo a otro lado ¿qué hacer? Me gusta la vagancia (diría mi mamá).
Ayer, antes de la hora de la comida, recibí un correo que convocaba a una reunión en el ya conocido lugar que se encuentra en el andador de Regina. No podía negarme, a pesar de que ya no me gustan las cervezas (de nuevo), compartir una tarde lluviosa con amigos se me hizo el mejor plan para un martes gris.
Salí de la oficina y caminé bajo la lluvia disfrutando cada gota, hace mucho que no lo hacía, los tacones y la ropa de tintorería no se llevan con la lluvia, desde que trabajo no me había mojado como ayer, ya lo extrañaba. Después de 20 minutos de lluvia, llegué al lugar de la reunión, algunos ya estaban, otros fueron llegando pasada la media hora.
Todo era perfecto, afuera una lluvia torrencial y relámpagos seguidos de truenos estruendosos, yo adentro con buenos amigos. Entre la cerveza amarga, la botana medio rancia y la deliciosa charla yo estaba tan encantada que ni tiempo tuve de asustarme por los truenos.
Sin yo quererme ir, pero con la opción de llegar en coche a mi casa y lo mejor es que yo no iría manejando, acepté que pasara por mí. Pensé que llegaría rapidísimo, a las nueve de la noche ya no hay tantos coches en la ciudad (ajá).
Dos horas y media más tarde seguíamos en el auto, el tránsito estaba detenido, las gotas de lluvia se multiplicaban infinitamente, el metro no servía y toda la gente invadía los carriles de circulación buscando un modo de llegar a casa, era muy tarde y los coches no avanzaban, recordé a Cortázar y su autopista del sur, me asusté, pensé que era una pesadilla…
… pasada la media noche llegamos a casa, el recuento de los daños: tres horas de camino, tres pasajeros más; dos señoras y mi hermano al que encontramos en la multitud abandonada a su suerte, mucha hambre y mucho sueño.
Ni modo, otro día que llego a casa a la media noche… ya estoy más que acostumbrada.
lunes, 13 de julio de 2009
Con dedicatoria
Y ahí vamos nosotros queriendo esquivarla, buscando atajarnos sin éxito. ¿Y es que cómo podríamos tener éxito si la tormenta somos nosotros?
Qué más quisiera yo alejarte de la tormenta y llevarte a un Oasis, pero el Oasis solo puedes encontrarlo tú.
No puedo prometerte que al terminar esta tormenta no encontrarás otras, lo único que puedo hacer es prometerte que saldrás de esta, que mientras te encuentres en ella yo iré a tu lado y cuando salgas, encantada compartiré tu Oasis, y si en el camino se te atraviesan más tormentas también te acompañaré.
Lo importante de todo esto es que al terminar la tormenta de arena habrás aprendido algo…
Deseo que pronto termine tu tormenta.
domingo, 3 de mayo de 2009
Y así fue...
Confundí tu coche algunas veces y tontamente saludé a algunas personas que me veían con cara de sorpresa, tal vez por la confusión o tal vez por mi atuendo. Hoy fue así, todos volteaban a verme. Por bonita, por ridícula, por interesante, por folclórica, por el buen gusto, por el malo… ¡quién sabe!
Llegaste con esa sonrisa y esos ojos que me encantan, subí al coche y no pude evitar saludarte con un beso en la comisura de los labios, no te conformaste con eso y buscaste el beso en la boca. Cedí. También lo deseaba. Iríamos a comer y no sabíamos a donde, propusiste el mercado, supe que no querías ir allá pero necesitabas tiempo para pensar en otro lado, yo definitivamente no tenía ganas de proponer algo. Emprendimos el camino y se nos cruzó un cafecito, pensé q no era tanta coincidencia y que seguramente tú ya habías ido, más tarde lo confirmé.
El lugar estaba lindo, la comida buena, la compañía inmejorable para ese momento. Platicamos muy a gusto, contándonos los pormenores de los últimos meses. Yo de mi viaje, tú de tu tedio, yo
sábado, 2 de mayo de 2009
Pongámonos de acuerdo
¿Loca yo?
jueves, 23 de abril de 2009
Me falta tiempo
Ellos llegan y me gustan y yo pienso que no tengo tiempo, tiempo para conocerlos, con concierto y cerveza en lunes e inauguración en martes, cafecito en miércoles y cine el jueves, con viernes de amigos, sábado de fiesta y domingo en familia, no hay tiempo, nunca hay tiempo.
Y ellos continúan su camino, se van lejos y yo me quedo con mi vida agitadamente cotidiana.
jueves, 16 de abril de 2009
Sala Nezahualcóyotl
Nos miramos y supimos que queríamos lo mismo, nos deseábamos el uno al otro. Sin pensarlo demasiado empezamos a buscar un lugar, un rincón escondido, la sombra de un árbol o cualquier espacio que fuera cómplice de nuestro deseo y que escondiera nuestra aventura. Algunos amigos me han contado que no es difícil encontrar un lugar de esos por ahí, nosotros no teníamos suerte. No recuerdo en qué momento entramos al recinto, subimos tantas escaleras que al pisar el último escalón, yo estaba exhausta. Entramos a la sala e inmediatamente me tiré en una butaca, la melodía que venía del centro del escenario era exquisita. Con la ayuda del sonido pronto me recuperé, aún te deseaba y tú a mí.
Mejor lugar no podíamos haber encontrado, un ensayo, ningún espectador, nosotros solos y un concierto como compañía, nos entregamos al deleite, de ti, de mí, de la música, los sabores, el sonido, las emociones…
De pronto desperté, era martes, estaba en la sala repleta de gente, casi frente al escenario, a mi lado estaba Athenea, estábamos en un concierto y no estabas tú.
lunes, 30 de marzo de 2009
Desde el Sahara para mí!
Hablando de ausencias y lejanías...
Fue un placer despertar esta mañana, prender la computadora y encontrar este video que llega directito del Sahara.
Yo sabía que algo increíble sucedería...
“La esperanza del Sahara Occidental”
Lo que pareciera un mar de arena
es un territorio lleno de esperanzas
que están brindadas por su gente
Aunque paradójicamente un desierto
es un lugar sin vida,
lo cierto es que la vitalidad se la
ha venido dando por más de tres décadas
el pueblo emprendedor que es
el producto de la combinación bereber
con las tribus africanas
Su historia no ha sido
la más afortunada, pero
los grandes pueblos siempre
son recordados por su temple y
fortaleza, por eso
el saharaui siempre ha estado y
seguirá estando en el colectivo
social como la Nación africana
que en el Siglo XX
más tiempo y esfuerzos le
tomó serlo, enfrentándose para ello
a las más horrendas
potencias anárquicas que se han conocido:
las ambiciones de poder y dinero,
atropellando los derechos elementales
de cualquier ser humano.
Todos los movimientos sociales que
apoyan la causa saharaui son el ancla
de la esperanza de este maravilloso pueblo
del que muchos de nosotros
debemos aprender a que así
como ellos lo han hecho, así
se templo el acero…
…como bien lo diría Nikolai Ostrovski
Con el esfuerzo de todos…y aunque
tengan que transcurrir cien años…
…el Sahara Occidental será Libre.
Malak
domingo, 22 de marzo de 2009
martes, 17 de marzo de 2009
La ausencia lima y destruye una relación.
Afortunadamente descubrí que existen varios tipos de ausencia, y aunque físicamente muchos pedacitos de mi vida se encuentran lejos y he estado privada de ellos, siguen existiendo y están presentes.
Desde hace ya algún tiempo mis relaciones han estado basadas en la ausencia, en esa ausencia que trae consigo la melancolía y la añoranza. Esa ausencia que provoca estar más presente que nunca, esa ausencia que encadena los recuerdos a las cosas más simples como escuchar tal o cual canción, comer un trozo de pizza o beber una cerveza.
En mi caso las ausencias fortalecen relaciones.