Lentas botellas erran en lentos mares.
martes, 7 de junio de 2022
Simular que no.
Tal vez se quisieron desde la primer vez que se vieron, tal vez todos esos años que coincidían en algún lugar e intercambiaban miradas y una que otra vez palabras fueron construyendo su amor.
Tal vez esos encuentros fortuitos no lo fueron del todo y aunque no se daban cuenta ahí había destellos de esa conexión mágica de la que hablan los enamorados y de la que ellos se sentían ajenos.
jueves, 9 de agosto de 2018
Hacerse grandes
Uno se va perdiendo en eso, sin darse cuenta va olvidando, se hace grande.
Así comienzan a cambiar los sueños.
No es que uno deje de ser feliz, al contrario, uno se va poniendo tan cómodo con esa felicidad que sin darse cuenta va olvidando, se hace grande.
Hay que tomar decisiones, hay que pensar de qué color pintar los muros, pagar el gas, hacer el super. Empatar las vacaciones para comprar los vuelos y disfrutar el mar, la playa o la nieve...
Uno comienza a hacerse grande y a olvidar lo mucho que se disfruta caminar bajo la lluvia.
miércoles, 31 de julio de 2013
Él
jueves, 24 de enero de 2013
Onírico
(No sé si es) Amor
No le importaba no ser correspondida, así quedo segura de sus sentimientos, esa muestra de amor desinteresado encajaba más con su versión del amor, se tranquilizó y siguió con su rutinaria relación libre de los típicos sobresaltos del amor.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Un año
jueves, 31 de mayo de 2012
El cuento mal contado.
lunes, 28 de mayo de 2012
El columpio rojo.
Noches frías con luna amarga.
Frío, ansiedad, miedo, vientos.
Incertidumbre, dolor de panza, querer huir, envidiar.
Sola.
Sola una, dos, tres veces.
Nada.
Columpio rojo, siempre de noche, siempre con luna.
Tú
Deseo cumplido, sonrisas, luna brillante, aire fresco, noche estrellada.
Deseo cumplido.
Abrazos, alientos.
Tú y más de ti.
Tu aroma.
Alegría, emoción, ojos brillantes, intantáneas, fugacidad...
Columpio rojo, siempre de noche, siempre con luna.
Tal vez, solo tal vez es que el columpio y la luna influyeron (sin que yo me diera cuenta) para que me enamorara de ti.
lunes, 9 de abril de 2012
Melancolía de...
lunes, 16 de enero de 2012
Huída
Saludé a unos cuantos conocidos y me acerqué a él justo cuando platicaba con aquella mujer a la que yo admiraba, él era conciente de mi casi devoción por ella, así que supuse una presentación glamorosa y en lugar de eso me saludó con su peor mueca, la de la indiferencia; continuó su conversación sin siquiera mirarme. Me enojé, quise gritarle, presentarme ¡había tantas cosas que quería discutir con aquella mujer! Ella mencionó su nombre (como si yo no lo supiera) y un mucho gusto que para entonces ya lanzaba al aire, pues yo rabiosa por aquél terrible primer encuentro ya había dado la media vuelta.
Busqué un rincón desde el cual él pudiera verme, me instalé junto a la barra mostrando un falso desinterés por su trabajo, mi tedio era real y no hacía nada por disimularlo, por el contrario, exageraba mis gestos para hacer evidente el hastío que me producía el lugar y el ambiente que en otras circunstancias, si tan solo estuviera a mi lado, me habrían relultado encantadores. Nunca volteó, ni por un momento fijó su mirada en mí, se había roto el encanto. Sabíamos que nuestra relación agonizaba y ambos éramos espectadores. Ninguno hicimos nada, ya habíamos decidido dejarla morir, era lo único en lo que estábamos de acuerdo.
El mesero se empeñaba en mantener lleno mi vaso y yo caprichosamente me empeñaba en vaciarlo, a cada sorbo imaginaba la pelea de más tarde. Llegaríamos a casa en silencio, al prender la luz aclararía su garganta e iniciaría la batalla. Reclamaría mi tedio, mi falta de atención, yo enlistaría a gritos cada uno de los detalles que hicieron la noche de-tes-ta-ble, él pretextaría estupidez, incapacidad. A mitad del show nos prometeríamos una vida maravillosa, promesa que ninguno planeaba cumplir. Sellaríamos el trato con un beso sin importancia, condecendiente, sin emoción. Me susurraría al oído cuánto me desea y cuanto le gusta cada parte de mi cuerpo mientras sus labios recorren cada lugar que va nombrando. Mi cuerpo se estremecería e iría cediendo con cada beso, con cada caricia, volvíendome ligera. ¿Lo disfrutaríamos? Sí, por la costumbre, pero siempre ausentes, con movimientos mecánicos que sabemos de memoria, como cuando resuelves ese rompecabezas que has hecho una y otra vez, ese que te desveló la primer vez, por el que dejaste de comer, el que era un reto, pero que ahora con el paso del tiempo puedes casi resolverlo a ojos cerrados y ya no representa emoción alguna.
Justo en el climax de mi imaginación lance un grito ahogado, supe que jamás nos perdonaríamos. Temí repetir esta noche una y otra y otra vez. Me sentí sofocada, vacié nuevamente mi vaso y me marché…
Nunca más lo volví a ver.
miércoles, 11 de enero de 2012
Ella
Allá ella.
domingo, 28 de agosto de 2011
Relaciones arrítmicas.
sábado, 27 de agosto de 2011
De bígama bipolar o la infidelidad.
Henry llamó y se me revolvió la panza de la emoción, quería verme y yo con tantas ganas de su olor no pude negarme, pasó por mí a la oficina, logré salirme una hora antes y cuando llegó ya lo esperaba afuera parada sobre una banquita de concreto. Me cargó para bajarme (todo un delicioso cliché), me besó y me dijo lo bien que me veía y lo mucho que me había extrañado. Caminamos juntos en ese frío día por las bonitas calles adoquinadas hasta ese monumento famoso dónde sería el mitin de su candidato político (el único defecto del Henry). No pelamos el discurso y mientras el político de acento extraño prometía la paz mundial y lanzaba improperios contra el gobierno en turno, Henry y yo nos pusimos al corriente de nuestra vida durante los pocos días que no nos habíamos visto que según nosotros resultaban una eternidad agonizante, nos besamos, nos abrazamos, nos miramos a los ojos, lo quise. Nos sentamos a mitad de la explanada, platicamos, nos besamos, nos acariciamos, me besó el cuello, le acaricié la nuca, nos tomamos de la mano, nos besamos, nos paramos, nos abrazamos, nos olimos, desaparecimos en medio de la multitud. Quise detener el reloj, pero el tiempo implacable siguió su curso. Terminó el mitin, que también ponía fin a nuestro encuentro. Me pidió que no me fuera, que camináramos juntos, besándonos. Aunque las ganas me hacían su presa dejándome a su merced, en un momento de lucidez recuperé la cordura y le dije que no, que ya tenía una cita. Lo acompañé a su auto y él hizo su último intento por convencerme, pero era inútil, nos besamos y nos abrazamos muy fuerte. No quería dejarlo ir, él no quería irse. Recordé a Dave. Nos despedimos. En su mochila se llevó mi abrigo que llevaba en las bolsas la promesa y la ilusión de volverlo a ver.
Me encontré con Dave en nuestro café de siempre. Nos saludamos, lo noté triste, no tiene empleo, su negocio se fue a la quiebra (si la cosa no estuviera tan jodida). Hizo una tontería y me enojé, me hizo reír, nos encontentamos, nos miramos, sonreímos. Yo moría de hambre, no había probado alimento y ya nos envolvía el fulgor de la luna, se me antojo un elote (así soy de antojadiza, no quería una cena en forma, tenía el capricho del elote). Buscamos un elote, recorrimos las preciosas calles adoquinadas, llegamos hasta un Zócalo, pasamos por una glorieta, caminamos junto a una hermosa catedral ¡nada! Recordé que afuera de una gran tienda alguna vez vi que vendían elotes deliciosos de granos grandes (no me gustan otros), caminamos hasta allá y nada. Él dijo que solo por esa noche cumpliría mi capricho, caminaríamos hasta comprar mi elote. Llegamos a un parque, a otra plaza, a otra glorieta, a una gran avenida y solo encontramos churros, compramos unos para saciar mis antojos mientras encontrábamos mi elote de granos grandes. Al fin, al cruzar otro parque compramos nuestros elotes de granos gordos como me gustan. Cruzamos el parque hasta la tienda más cercana y compramos un Boing. Caminamos hasta una banquita de concreto para sentarnos a comer nuestros elotes de granos gordos. Platicamos de nosotros, lloré, nos abrazamos, fuimos sarcásticos, le puse mi bufanda de la felicidad y aunque no le gusta se la dejo en el cuello. Cuando me puse a llorar, él me puso la bufanda para que sonriera y no estuviera triste, al fin es la bufanda de la felicidad ¿no? Hacía mucho frío y yo no tenía abrigo, caminamos al metro, nos empujamos, reímos mucho, platicamos más. Nos molestamos, nos miramos muchas veces. Nos despedimos, un beso, dos, tres, yo a él, él a mi, todos en las mejillas, en la frente, el mordía mis manos. Nunca en la boca. A punto de bajarse y... ¡clic! un fugaz beso en la boca. Mire por la ventanilla, sonreímos, fuimos cómplices. Así había empezado todo muchos ayeres atrás. El metro avanzó.
Yo seguí mi camino a casa con su esencia en la boca, sin abrigo y con muchas confusiones en la cabeza.
jueves, 11 de agosto de 2011
Amarse toda la vida.
Entregarte a una persona es un acto de verdadera intimidad, en él te despojas de todo. Va más allá que quitarte la ropa, es desnudarte, pero al mismo tiempo no sentirte incómoda con esa desnudez, te vas envolviendo con el otro, con las capas de su intimidad, con su propia desnudez.
Dejas a un lado pudores, amores pasados, futuros, lejanos; te entregas completamente. ¡Qué bien se siente amar así! Tan libre, amar con el cuerpo y con el alma. Amar el cuerpo y amar el alma.
Amarse con tangos, música clásica, brit pop. Amarse durante la novela y luego en el noticiero.
Amarse entre las sábanas después de haber discutido un libro de Thoreau, y repasado la buena música de algunas bandas inglesas. Amarse en silencio con susurros y respiraciones agitadas o amarse con música de fondo y gemidos incontrolables.
Amarse durante un concierto, amarse al calor de una fogata, amarse durante el viaje, durante la estancia. Amarse sin clichés o con todos ellos. Amarse como en aquella película francesa o como los amantes italianos. Amarse durante la batalla y durante la guerra fría.
Amarse durante la cena, amarse con la luz bajita que dibuja sombras que también se aman. Amarse con olor a hombre, a mujer. Amarse con los ojos cerrados y los labios entreabiertos, amarse con el pelo suelto. Amarse a la luz de la luna. Amarse al amanecer. Amarse acostados, sentados, de pie. Amarse con las manos, amarse de rodillas, amarse con la lengua. Amarse cada poro, cada vello, cada lunar, cicatriz, cada hueso.
Amarse en imágenes, en textos, en canciones, en cartas. Amarse por correo, por mensaje, por el chat.
Amarse así, porque somos nuestros y a la vez de nadie. No nos pertenecemos y a la vez nos damos y nos reconocemos. Ser de nosotros, sin importar si dentro de una hora o saliendo de aquí, somos de alguien más.
Amarse sin preguntar qué depara el destino.
Amarse toda la vida, así la vida dure seis horas en una habitación de hotel una vez al mes.
lunes, 8 de agosto de 2011
Veneno
Desconozco que me ha picado, solo sentí el piquete, no quise ver que era, seguí caminando, no volví la vista, no me interesa saber a que me enfrento. No quiero tener la certeza de cuánto me queda vida, no quiero vivir con la angustia de un condenado a muerte que tiene fecha y hora de ejecución, ya es suficiente con saberme moribunda.
A partir de hoy tengo mis días contados, quizás no sean días, solo horas, minutos, incluso segundos. Cada trazo que doy con esta pluma podría ser el último, mis palabras podrían dejar de sucederse una tras otra. Tal vez mis ojos no puedan parpadear más, tal vez no llegué a contemplar la luna está noche. O tal vez sí, tal vez tenga muchas noches, viva muchos años, pero de que tengo los días contados, eso es seguro. Tal vez muera a los treinta o al parir a mi primer hijo, tal vez muera en mi luna de miel o mientras me baño, tal vez muera en mi fiesta de cincuenta años o muy vieja, ¡quién sabe! Solo sé que moriré por el efecto del veneno que ha entrado a mi cuerpo hoy.
sábado, 9 de julio de 2011
Desvaneciéndome
Aquél se empeñaba en deshacerme, me iba borrando, primero me hacía tenue, luego acuarela, luego sombra, yo me iba sintiendo pálida, sin forma, sin brillo, sin chispa, más reflejo de vidrio, ya ni siquiera de espejo; al punto en que dejé de ser yo y comencé a ser otra.
lunes, 30 de mayo de 2011
El juego de palabras locas. Locura
lunes, 9 de mayo de 2011
Nowhere
Me hubiera encantado encontrar un callejón sin salida, hallarme en el punto de no tener más a donde ir y "tener que" permanecer ahí, no como una elección si no como un castigo, quizás ese sufrimiento me hubiera redimido, un sufrimiento no elegido, no autoinflingido. El callejón tenía salida así es que me obligo a seguir caminando, voltee la vista y aún veía la casa, la que ya no me pertenecía y de la cuál yo ya no era parte, a la que ya no podría volver, inesperadamente me sentí liberada, una libertad que lejos de saber a gloria, me asustó; una libertad que no alivia, que trae en el paquete la soledad, la soledad que no se disfruta, la soledad que llega de golpe, sin quererla.
Libre ya, seguí caminando, no podía encontrar el camino, carecía de brújula y aunque la hubiera tenido no habría podido elegir un destino, solo me dejaba llevar, caminaba por las calles hasta que una interrupción del camino me hacía doblar y tomar otra, de vez en cuando llegaba a "y griegas" que me obligaban a decidir entre una u otra avenida, no lo pensaba, seguía caminando, tal vez por que el semáforo me lo permitía, o un automovilista amable se detenía para darme el paso, todo el camino fue así, pequeños detalles que te muestran la dirección, tú te abandonas a esos detalles, solo por ser amable, por no ser malagradecida, pero no porque en realidad te importe.
Extrañamente no tenía hambre, sabía que ya era tiempo de comer algo, mi cuerpo reclamaba alimento, mis tripas no dejaban de hacer ruido y emprender una batalla contra mi inconciencia que se los negaba. No comí, seguí caminando, no hable con nadie, solo pensaba, pensaba en el futuro, en uno que debía inventarme, en el futuro que algún día sería el presente ese que nunca imaginé. No quería deternerme, no sabía dónde, no es que estuviera huyendo, solo que no tenía a donde ir.
Tampoco es que estuviera triste o que pensara mucho en el fin del mundo, al contrario, aún podía sonreírme, sorprenderme y enternecerme, así me paso durante el trayecto. El caminar no era un síntoma de depresión o de la felicidad eufórica, solo era un no saber, no tener rumbo.
El cansancio empezaba a hacer estragos en mi cuerpo, mis piernas ya no querían continuar, no les importaba que yo continuará incapaz de encontrar un destino, solo querían detenerse, en el próximo parque, en el próximo hotel, en el próximo café... es más en la banqueta. Así fue como entré a aquél lugar y conocí a esa persona, bebimos chai, comimos pan árabe y hablamos mucho, reímos, lloramos, nos confesamos, confesamos eso que no se cuenta a todos, que no es miedo, que no es felicidad, ya ni siquiera es incertidumbre, solo nosotros nos entendimos.
No sé en qué momento me quedé dormida, al despertar me encontraba en mi cama, la noche anterior no había sido un sueño, no puedo explicarlo, no sé explicarlo. El único recuerdo que tengo de esa noche es una nota que dice:
"Espero que se cumplan tus deseos, esos que no dependen de ti, esos que se esperan con el corazón abierto, y me ha gustado la parte de esperar con el corazón abierto no por pedir un deseo y esperar a que se cumpla... sino de sentir las acciones con el corazón, y no buscarlos con la cabeza."
viernes, 6 de mayo de 2011
Síntomas
...ni tan libre, ni tan feliz, ni tan yo...
...ni tan, tan.
sábado, 29 de enero de 2011
Inconciencia
En mis labios hay indicios de otros labios, mi boca recuerda la tuya y yo no, yo tengo una imagen borrosa de esa noche, en mi cabeza retumban ecos de tus palabras, esas que no sé si dijiste o las invento.
Mis manos recuerdan tu espalda, mi olfato recuerda tu aroma, mi mente recrea una y otra vez las imágenes de esa noche. Yo no, yo no puedo, no recuerdo nada.
Recurro a ti, necesito tu ayuda, solo quiero despejar estas dudas que carcomen. Tenemos que vernos y besarnos nuevamente, tendré que acariciar tu cuerpo, sentir tus labios, escuchar tu respiración, tal vez solo así pueda descubrir la verdad.
Te pido seas muy paciente, mi memoria nunca es buena, te ruego que si eso no funciona y es necesario repetirlo, lo hagamos una y otra y otra vez hasta que sea capaz de distinguirlo todo, de recordar tu sabor, de quedarme con tu aroma, de reconocer tus manos y tus labios y no olvidarlos nunca.
miércoles, 12 de enero de 2011
Cambio de look
Año nuevo
El pasado que ya nunca es real, que se fue deformando con cada sorbo de vida con cada trago y suspiro y sueño...
Con cada jadeo se deseaban un mejor futuro. Con cada giro en la cama iban ofreciéndose el uno al otro, entregándose por completo. Con cada beso y abrazo se reconocían otra vez, como antes, como el otro día del otro mes del otro año.
Recordaron su "no relación" que mantienen desde hace tiempo, su primer beso que ambos se acusan de haberlo robado aunque es seguro que los dos lo deseaban. Recordaron también sus encuentros anteriores tan efímeros como este en los que por azares del destino coincidían en tiempo y espacio. "Siempre igual" creyeron ingenuamente.
Hablaron muy poco de sus desconocidas vidas; disfrutaron los silencios, el vino, la música, el ruido de su respiración, sus manos entrelazadas, los abrazos... "estaban ahí en estado de amor puro. ¿Se imagina lo que debe ser un amor así, sin el desgaste de lo cotidiano, de lo obligatorio?"
El amanecer los tomó por sorpresa, se vistieron, tomaron su turno para entrar al baño, querían actuar como si nada; un encuentro más. En silencio salieron de la habitación y subieron al auto, sonrieron, intentaron aparentar, pero esta vez era diferente.
viernes, 12 de noviembre de 2010
Libertad
Áquel hombre la llevo a los límites.
Perdiendo esa inocencia que la oprimía terriblemente, esa inocencia que detestaba sin saberlo, al perder esa inocencia se sintió libre.
La intimidad del asiento trasero.
Lo que sucede en el asiento trasero de un coche debe quedarse ahí, jamás salir por la ventana que se baja para desempañar los vidrios, ni por la puerta que se abre y rompe el mágico momento devolviendo a los amantes a lo cotidiano.
Debe permanecer en el tapiz del auto con el aire viciado por la rápida respiración de los amantes. Debe quedarse en el recuerdo, en la incomodidad de dos cuerpos que se buscan con frenesí; que encuentran el como porque ya están en el donde.
No debe ser asunto de mirones que intentan traspasar los vidrios con miradas chismosas de desaprobación e infinita envidia ¡no! No es asunto suyo, es la intimidad del asiento trasero de un coche. Mucho menos debe ser descubierto por policiías que con mirada lasciva condenan los hechos.
Es así, lo que pasa en el asiento trasero de un coche solo es asunto de los amantes.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Reencuentro
Caminé el largo pasillo cubierto con una delicada alfombra, todo era genial, este no era un hotel de paso, no es que conozca muchos, pero mi experiencia me permite calificarlos de fríos y comunes, este era diferente. No era un hotel de paso ¿Acaso era un hotel?
De decoración exquisita todo encajaba. Elegante. No quería sentirme elegante esa noche, pero el lugar me obligaba a adoptar actitudes que no tengo a diario. Me recuerdo con un vestido de seda en tonos oscuros, negro o azul marino quizá, zapatos negros de tacón, caminando lo más erguida posible y con una sonrisa, de esas que hago cuando sé que me observan y no quiero que la persona en cuestión advierta que lo sé. Seguro que nadie me observaba, yo quería que así fuera, sabía que no. Solo practicaba.
La luz tenue apenas inundaba el pasillo, iluminaba los escasos muebles que se encontraban en él. Después de unos pasos que me parecieron una eternidad llegué a la recepción, como ya lo había pensado, nadie acudió a mi encuentro.
Toque la campanita para advertirte mi llegada, seguro que al escucharla levantaste las cejas y mordiste tu labio inferior, me esperabas.
Llegué hasta la puerta de aquella habitación y no tuve que tocar, me recibiste con tu mejor sonrisa, yo hice una mueca, la más parecida a tu sonrisa, te miré con unos ojos coquetos que intentaban darte una introducción a lo que pasaría instantes seguidos. No dijimos nada, permanecimos en silencio, no había necesidad de hablar, nuestras miradas lo decían todo ¡cuánto nos habíamos extrañado!
Nos besamos, un beso cálido de reencuentro, duró largo tiempo, acariciaste mi espalda y besaste mi frente. Con mi cara frente a tu pecho, me recargué en él y me sentí segura, quise abrazarte pero mi bolso me lo impedía, lo deje caer y en ese momento fuiste bajando tus manos, recorriste mi espalda y te detuviste justo en el lugar en el que se juntan la cadera y las nalgas. En un acto casi simultáneo tire de la cinta del famoso vestido “easy-access” y lo dejé caer a la alfombra, la sensación de la tela bajando por mi cuerpo y el frío propio de la desnudez pusieron mi piel chinita, ya había empezado y no quería detenerme, no pensaba hacerlo.
Mirándote a los ojos desabroche los botones de tu pantalón y saqué tu pene. Sonreímos cómplices de aquello.
Seguía mirándote a los ojos mientras me arrodillaba, luego bajé los ojos y lo miré, lo contemplé y lo tomé delicadamente con ambas manos. Sabía que me observabas, hiciste un sonido, lo más parecido a un esbozo de satisfacción, supe que te gustaba, querías que siguiera. Lo besé suavemente y continué acariciándolo por breves instantes. Lo introduje en mi boca y noté como se endurecía más y aumentaba de tamaño, empecé a mover la lengua, tú acariciaste mi cabello. Te sentaste en el filo de la cama.
Arrodillada frente a ti continué recorriendo tu pene con mi lengua, no podías quitarme los ojos de encima, los abrías y tenías que cerrarlos por esa satisfacción, mientras yo dejaba que entraras y salieras de mi boca a tu antojo. Sujete con firmeza tu pene entre mis labios y comencé a succionar, era como si quisiera absorberte de esa forma, no dejé de mover la lengua con vaivenes suaves.
Yo también te miraba, me encantaba verte disfrutando, me encantaba tu forma de verme, me excitaba aún más. Seguí...
Devoraba, lamía, chupaba, besaba... y llegó. Tus piernas se tensaron, sujetaste fuerte mi cabeza entre tus manos, tu respiración se agitó más y los gemidos aumentaron. Recargaste tus labios en mi frente y eyaculaste.
Mis pininos como reportera
http://impreso.milenio.com/node/8862819
martes, 9 de noviembre de 2010
Guía "primeros auxilios" por Athenea Ruiz
Paso número 1:
Te armas de valor y lo desenvuelves... ¡Oh! ¿Qué has encontrado? Es un regalo única y exclusivamente para ti(viene en diferentes tamaños y colores, no te asustes si cada que lo abres encuentras uno diferente, es normal, eso depende única y exclusivamente de tu deshinibición por la vida).
Paso número 2:
Hueles y percibes si te gusta o no, (es válido retractarte) si así sucede y decides no probarlo, ve directo al paso número 10.
Paso número 3
Con decisión y nada de titubear, lo tocas, te dispones a conocer las dimensiones de tu nuevo y posiblemente mejor amigo (a veces sale algo traicionero, pero suele ser buena compañía, siempre que lo necesites puedes acudir a él, regularmente estará dispuesto). Conoce todos los rincones, hasta los más escondidos, si le descubres protuberancias raras a lo visto en teoría, retrocede y ve directo al paso número 10.
Paso número 4
Desliza ligera y lentamente tu lengua por la parte superior, sentirás que es suave y lisa. Rodea con tu lengua hasta llegar al corte(lo más seguro es que saldrá un líquido viscoso y transparente, no te asustes, es normal).
Paso número 5
Con tu mano derecha si eres diestra o con la izquierda si eres zurda (no importa con que mano lo hagas, en ese momento sabrás cual), acaricia las dos bolitas que cuelgan de un saco a tu nuevo amigo.
Paso número 6
Con tu dedo medio no intento limitarte, en este punto puedes usar cualquiera de los dedos de tu mano, pero el dedo medio abarca más, por eso es el más recomendable (de la mano que estas usando para acariciarlas), acaricia en donde termina esa bolsita y empieza un lugar que aún no queremos conocer (lo conocerás en el NIVEL INTERMEDIO), recuerda no rasguñar, ni pellizcar, ya que tu nuevo amigo es muy sensible y puede huir.
Paso número 7
Con la mano que utilizaste para hacer el paso número 5 y 6, agarra fuertemente a tu nuevo amigo y desliza tu mano de arriba abajo y de abajo hacia arriba utilizando un ritmo constante, posiblemente te pidan que tu ritmo sea más rápido cada vez.
Paso número 8
Con tu lengua vuelve a rodear la parte superior de tu amigo, y ahora sí, métetelo a la boca, no lo muerdas eso dolería mucho y escaparía de tus manos. Este paso puede ser combinado con el paso anterior, recuerda ser cuidadosa, tu nuevo amigo es sensible. Si aún no eres muy hábil únicamente utiliza tu mano.
Paso número 9
Con un poco de constancia,repitiendo los pasos anteriores sobre todo los pasos 7 y 8 saldrá algo de él, del orificio superior(un líquido mucho más viscoso que el primero y de color blanquecino con un ligero olor a cloro),no te asustes, es normal; y si esto pasa, has logrado perfectamente el cometido de esta guía. Deja que salga todo lo que tiene que salir. Si usaste la boca, te recomendamos que no te pases lo que salió, escúpelo en algún papel higiénico que se encuentre a tu alcance, posteriormente los residuos que queden en tu nuevo amigo límpialos con tu lengua, no es necesario que lo limpies, pero es descortés dejar chorreando a tu nuevo amigo. Si no te dio tiempo de escupirlo y te lo pasaste, no te preocupes, estas a salvo, no pasa nada. Si usaste la mano, límpiate con un trapo "limpio" o con papel higiénico.
Paso número 10
Deja que vuelva a ser guardado; otro día podrás saludarlo nuevamente, posiblemente si el fin de esta guía ha tenido éxito, será muy pronto y no habrá necesidad de que tú lo busques, si no es así, no te preocupes, después de este intento, puedes practicar con otros, lo importante siempre es dar el primer paso.
Si todo salió perfectamente, pídele a quien más confianza le tengas que te proporcione la guía para "intermedios".
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¡Feliz cumpleaños, amiga!
viernes, 15 de octubre de 2010
Agonía
miércoles, 22 de septiembre de 2010
¡Ah que personajes!
martes, 17 de agosto de 2010
Originalidad
jueves, 12 de agosto de 2010
Café
lunes, 2 de agosto de 2010
Pacheca en Pachuca
La estación “mudanza” resulto de lujo, he atravesado muchas estaciones “despedida” y en cada una me han dado ganas de bajar ¡pero no! Mi estación es parque Hidalgo en Pachuca de Soto, no me bajaré hasta llegar.
lunes, 24 de mayo de 2010
La inocencia a los 17
¡Zaz!... un líquido blanquecino y viscoso comenzó a salir de la punta del pene de su chico, era más bien como un chorro, un chorro que ensució sus brazos, su pecho, salía sin control ensuciando la alfombra... era la primer vez que esa inocente chica presenciaba aquella cosa, lo inesperado del asunto la asustó, no era miedo solo susto de sorpresa, se alejó de él, tenía asco, sus brazos y pecho sucios por aquello...
Inmediatamente corrió a lavarse, no quería tener el cuerpo pegajoso y oliendo a cloro, no quería que él la observara desnuda, se encerró con su ropa en el baño hasta que estuvo limpia y vestida, mientras él se quedó tendido en la alfombra.
Cuando ella salió del baño él ya estaba vestido, en la alfombra ya solo se veían manchas de humedad, pero nada grave... la chica no supo que decir y permaneció callada, estaba nerviosa.
Él delicadamente le preguntó si todo estaba bien, ella ni siquiera podía mirarlo a los ojos, no contestó, él la abrazó, supo que era la primer vez y le dio un beso en la frente mientras ella apoyaba con fuerza la cabeza en su pecho, tomaron agua, salieron a caminar y no hablaron nada hasta el otro día...
martes, 27 de abril de 2010
¿Infiel yo?
miércoles, 10 de marzo de 2010
El día del desastre o empezar de nuevo
Hay días en la vida que son definitorios, momentos en los que tocas el fondo, ese fondo que creías inexistente, te invade una tristeza indescriptible, una impotencia aterradora... pero sabes que ya no hay más, ya no puedes estar más triste, ya no puedes tener más miedo…
miércoles, 24 de febrero de 2010
Ya casi todo vuelve a la normalidad...
miércoles, 20 de enero de 2010
Un sueño fatal
Te perdía
martes, 19 de enero de 2010
Con la ilusión de encontrar nuevos caminos
Vinieron montones de imágenes que conservo de ti desde que te conozco y éramos adolescentes, de cuando nos divertíamos con tonterías que aún ahora nos causan gracia, usabas esos tenis sucios que yo juré jamás ponerme y años después son mis favoritos. Odiabas la música que en ese entonces me encantaba, mis pecados culpables que ahora compartimos… caíste en ellos!
Lo más rebelde que recuerdo de ti en esa época son travesuras irrisorias.
No cabe duda que ya han pasado 10 años, ya no reímos escuchando las proezas amorosas de tu hermano igual de inverosímiles que las del amigo ese, el más chistoso que tenemos, ya se han muerto nuestros abuelos y nuestros amigos ya tienen hijos.
Y ahora sí se siente, ahora sí empiezan los problemas, seguro que en diez años al volver la vista atrás nos parecerán tormentos juveniles, pero ahora existen, ahora que son presentes nos duelen mucho…
…seguro que en el futuro verás que no es para tanto.
Brindo para que en diez años sigamos juntos, para que nos ataquemos de la risa de los problemas de cuando teníamos 25, seguramente tendremos hijos y esposos que seguramente se pondrán celosos de ti y de mi… ¿y eso qué importa? ¡Brindis por la amistad!
lunes, 4 de enero de 2010
¿A qué sabe la felicidad? Tomo II
¡Estoy feliz! Hoy desperté haciéndome la misma pregunta que hace algunos meses… ¿a qué sabe la felicidad?
Supongo que no tiene un sabor o que en caso de tenerlo es un sabor diferente para cada uno de nosotros.
Recordé algunos momentos felices y ya sé a que sabe la felicidad, aunque no siempre tiene el mismo sabor, tal vez no estaba tan equivocada cuando le dije a mi sobrinita que sabia a crack ups.
¿A qué me sabe la felicidad?
A un buen café caliente por la mañana.
A un té con leche en una tarde de lluvia.
A los besos de mi novio fumador.
A un buen vino tinto con una buena compañía.
A un vino tinto acompañado de aceitunas y carnes frías en una noche de tormenta desde un balcón con vista al mar.
A un delicioso pain au chocolat con café en una mañana fría después de haber viajado más de 24 horas.
A pasta hecha por Alejandra y servida en el patio de su casa a la luz de las velas con música de violines provenientes del restaurante de al lado.
A los arbolitos cocinados por la mamá de la China.
Al bacardi strawberry con sprite tomado por vez primera en el patio de mi escuela.
Al vino espumoso del día de mi graduación.
Al bacalao, los romeritos, la pierna, el pavo y a todos los platillos navideños.
A los chiles en nogada que preparé para “alguien especial”.
A las lejías (cerveza con refresco de limón) en una noche de desvelo y diversión con amigos recién encontrados.
Al recuerdo del sazón de mi abuelita.
A la fruta picada de la abuelita de Rossette.
A las dos tiritas de zanahoria con aguacate en casa de Athenea cuando hacíamos trabajos escolares.
Al whisky de relajación en pleno vuelo de Cancún a la Cd. de México
Al bufete del restaurante del Aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez después de un gran viaje.
A las nieves que están por el metro Chabacano o a las de Roxy.
A comida argentina el día de tu cumpleaños.
Al pastel de chocolate blanco de mis quince años.
Al tequila de mi primer borrachera.
A los mojitos de la Bodeguita con los otros dos mosqueteros.
A la “harta pasta” de “la Bota”.
A las bebidas de media noche en días de octubre con brillantes lunas.
A las sincronizadas de la primera vez.
A los macarrons franceses, macarrons, macarrons!
A un tazo (awake, chai, zen) con leche y vainilla.
A las tejitas de almendras.
Pienso en tantos sabores que asocio con la felicidad y es que a eso sabe la felicidad, a todos esos buenos momentos que has pasado en tu vida, a todas las cosas que recuerdas con una gran sonrisa y un delicioso sabor de boca…
¿A qué te sabe?
Deshoras
sábado, 19 de diciembre de 2009
Human cockroach
Y esa noche se lavó los dientes como nunca antes, quería borrar de su boca esos besos, los besos de la infamia. Su maldita arma mortal. Sabía que lo había aniquilado y se arrepentía. Nunca quiso hacerle daño.
Se miró en el espejo y se odió, se maldijo. Cepilló sus dientes, su lengua e incluso sus labios deseando borrar las huellas de su estupidez incluso de los labios de él. Quiso borrarle la memoria, regresar el tiempo.
Se odió por ser tan débil.
Esa noche se desprecio como nadie y como a nadie. Nunca creyó odiar. Esa noche odio como nunca antes, también se odiaba.
Se sintió la peor mujer del mundo ¿lo amaba? ¡quién sabe! no quería estar con él. No quería tenerle lastima y la estaba teniendo. Se aborrecía por eso y por todo.
No se reconocía, nunca supo en que momento cambió. Se sentía despreciable.
Por su soberbia, por no querer hacerlo sentir mal, se equivocó, no supo manejarlo... Y ahora el corazón de él estaba lacerado, encogido, sufría.
Se imaginó borrándose de la memoria de ese hombre.
En la vida nunca imaginó llegar a este momento. No imaginaba ser tan ponzoñosa, nunca imaginó causar tanto dolor. Se supo maldita. Descubrió lo peor de ella. No supo arreglar las cosas.
Quiso morir, desaparecer, desvanecerse... no para mitigar su sufrimiento, lo sentía justo; quería mitigar el dolor de él, hacer un pacto con el diablo, lo que fuera.
Esa noche durmió encogida, sintiéndose cucaracha.
lunes, 7 de diciembre de 2009
Primer viaje
Al cruzar las puertas del aeropuerto se dio cuenta que se encontraba a mitad de la nada. Regresó a la calidez del interior, después de todo se sentía segura dentro. Se sentó, respiro profundamente, unos suspiros ahogados, se estaba preparando para enfrentarse a sus miedos, le costó trabajo. De pronto muchas dudas entraron en su mente. ¿Y si él no estaba? ¿Y si nunca más lo volvía a ver? ¿y si no encontraba la dirección? Quiso abordar el avión nuevamente, regresar a lo conocido. Quiso llorar...
De pie y en marcha, intempestiva e impredecible como siempre. Abordó un taxi y así soltó sus miedos.
Llegó al lugar, la esperaban, le entregaron una llave que abría la habitación 107. Él no estaba, ella echó un vistazo y solo encontró las pertenencias de él, quiso revisarlas, quiso buscar qué traía él consigo, decidió que mejor no, recordó que si bien la curiosidad no mató al gato, sí lo apendejó un rato y ella quería estar lista con todos sus sentidos para encontrarse con él.
Dejó mochila y bolsa junto con sus esperanzas, recargadas en la cama. Salió a dar un paseo. Deseo encontrarlo. Caminó sin rumbo, entró a un banco, realizó una llamada, revisó su correo electrónico, se compró una empalagosa nieve. Busco ingredientes para prepararle una rica ensalada a él, no tuvo suerte o quizás sí, no encontró los ingredientes, pero sabía que de todos modos la ensalada no le habría gustado así es que sonrió. Volvió.
Él ya se encontraba en la habitación y aunque deseaba verla tanto o más que ella a él, cuando ella llamó a la puerta, él abrió con desgana, pensando que era alguien más, aún no había notado su mochila naranja.
Cuando estuvieron de frente, fue mágico, se iluminaron el uno al otro. Se miraron hermosamente, se sonrieron y se abrazaron.
Se contaron los pormenores del viaje que ambos y por separado habían hecho para encontrarse en la habitación 107 del Hotel Casa Blanca.
Decidieron recostarse, a pesar del viaje ninguno estaba cansado, pero querían estar juntos, muy cerca y cada vez más. Se dejaron llevar el uno por el otro, todo lo detonó un beso y les fue imposible parar. No querían detenerse. Se amaron, se conocieron, fueron delicados, fueron agresivos. Querían devorarse. Lo hicieron...
Se calmaron, se besaron y un abrazo que duró una eternidad los mantuvo juntos por mucho tiempo. Salieron, caminaron un rato y fueron a comer algo.
Edificios viejos
Entrar ahí, seguro estará húmedo, polvoso, un edificio en ruinas, seguro sí. Tal vez en las escaleras, tal vez en la ventanas...
Si sigo aquí no dejará de darme vueltas esa idea... ¡carajo! ¿por qué no solo me voy a casa y ya?
Recuerdos de infancia
Seguimos igual.
Espero que algún día te des cuenta que he crecido ¡ya no soy una niña!
Tú ahí vas, sin saber que te observo, besas a esa mujer que más bien parece hombre, subes a tu auto gris y ¡voilá! desapareces...
Me quedo aquí, con hambre y con la esperanza de algún día.
martes, 20 de octubre de 2009
¿A qué sabe la felicidad? Toma 1


Su sobrinita quedó contenta, tal vez por la respuesta o solo por los dulces, pero ella no, ella ahora estaba inquieta, desconocía el sabor de la felicidad y quería encontrarlo. Se dispuso a ello.
Fue así como comenzó su día, con la interrogante y las cosquillas en la panza saltó de la cama y lo primero que hizo fue abrir sus persianas, desde la ventana observó el amanecer, hace mucho que no lo veía y quedó extasiada con los tonos violáceos de esa mañana, recordó los tiempos de la preparatoria, de cuando salía muy temprano de casa y en lugar de ir a sus clases de inglés que la aburrían a muerte, se iba al hospital a desayunar con su tío, era toda una aventura, al principio era una odisea poder entrar hasta aquella habitación del hospital sin ser interceptada por los guardias, llegar con su tío y acompañarlo en el desayuno, inventarles una confusa historia a las enfermeras para no ser delatada y salir huyendo antes de la hora de las visitas para no ser vista por ningún familiar suyo, al hacer eso constantemente todo fue cambiando, llegaba saludando a todo el hospital, las enfermeras llevaban doble porción de gelatina y dos tacitas de té, el señor de la cafetería le regalaba una dona y su tío guardaba el secreto, nadie debía enterarse que ella faltaba a sus clases, todo eran risas, la complicidad era divertida hasta que su tío fue dado de alta y sin esas visitas matinales ella regresó a la rutina del inglés.
Desde su ventana sonrió al recordar esas aventuras, continuó con la mirada perdida en el horizonte, quiso comerse el cielo, parecía un algodón de azúcar.
En ese momento más memorias vinieron a su mente, recordó cuanto le gustaban los algodones de azúcar, recordó que cuando pequeña, su papá, a escondidas de su madre, le compraba las deliciosas golosinas, se recordó junto a su hermano en los diciembres que iban a la Alameda a fotografiarse con los Reyes Magos y entonces ellos corrían y saltaban persiguiendo las tiritas de algodón que salían de las grandes cazuelas y volaban hasta perderse en el cielo, quedarse en las ramas o ser atrapados por niños mas audaces que ellos. Añoró su infancia.
Al imaginar el sabor del algodón de azúcar, también recordó aquella tarde en que por vez primera se ponían ofrendas en el Zócalo de la Ciudad, ella había ido con él, apenas se conocían, eran amigos y entre ellos se sentía algo… poniéndose cursi pensó “amor”. Sonrió al recordar los besos no dados aquella tarde en la que comían algodón de azúcar, en esa tarde en la que ella cayó al vacío y se enamoró perdidamente.
jueves, 1 de octubre de 2009
Y yo no sabía francés...
Él tocó el timbre ¡chin! yo no estaba lista ¿para qué? no recuerdo, pero la sensación era que yo no estaba lista, no le quería abrir ¡aún no estaba lista! mi corazón comenzó a latir con mucha fuerza, salió huyendo, cruzó el Atlántico y volvió justo en el momento en que abrí la puerta.
Nos besamos, fue un beso común y corriente, un beso de bienvenida, de esos sin emoción que se dan más por costumbre, sus labios eran otros, era él, pero sus labios eran de otro...
Me tomó por la cintura y así subimos las largas escaleras de caracol que parecían no tener fin. Él, yo, ambos llevábamos prisa y fuimos directo a la cama, que ya no era tan grande, no puse resistencia, comenzó a besar mi cuello y ¡oh! eso desencadenó todo.
Nos envolvimos en una burbuja de besos y caricias. Todo lo demás era borroso, la poca luz que iluminaba la habitación llenaba todo con sombras cómplices, la temperatura de nuestros cuerpos se elevó en un instante, sus manos eran suaves como siempre, pero yo no las reconocía; su cabello estaba más largo de lo normal... ahí estábamos, despojados de la ropa y de las inhibiciones, entregándonos, confiando uno en el otro
De pronto me pidió que le hablará en francés, por un segundo quedé inmóvil, no entendía para que quería que le hablara en ese idioma, o en otro, o por que quería escucharme... Yo sabía el efecto de las groserías durante el sexo, pero... ¿palabras en otro idioma? No se me ocurría alguna... De pronto... ¡pf! ¡los números!
- un
- ¿qué más? (mientras me sujetaba con más fuerza)
- deux (yo conteniendo el aliento)
- sigue (con un susurro en la oreja)
- trois (apenas sonoro)
- más, más, más...
- quatre... cinq... ¡six!
- bien, el que sigue (nuestra respiración más agitada que antes)
- huit
-¡no! te falta el siete... ¡vamos!
Empezó a faltarme el aire, con sus manos y sus labios por todo mi cuerpo, no podía concentrarme, quería decirlo, quería recordarlo, no quería que el juego terminara por un maldito siete... Sus manos me presionaban para que yo buscara esa palabra en todos los recovecos de mi cerebro... ¡nada! solo sentía y quería seguir sintiendo, quería seguir estremeciéndome entre su cuerpo...
¡Sept! lo recordé, lo grité y abrí los ojos... De nuevo estaba ahí, en mi habitación, con la luz apagada, a las cuatro de la mañana, un día entre semana y sola...
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Jardines de Luxemburgo
Lleva mucho tiempo esperando, los otros ya se han desvanecido igual que él, el tiempo los borró, algunos solo permanecen en libros; ella sigue ahí, inmóvil, mirando al horizonte en aquellos jardines que obtuvo para disfrutarlos cuando él volviera.
La gente pasa, turistas, oficinistas, migrantes, parisinos. Nadie la reconoce.
Sus días se han hecho años, años que se hicieron siglos...
María siempre ahí y Enrique nunca vuelve.
martes, 8 de septiembre de 2009
Filosofía de pollo
Yo pienso: ¡maldito pollo!
jueves, 3 de septiembre de 2009
Otra incongruencia
Llega octubre con su aire gélido y sus lunas brillantes, octubre siempre es un buen mes para enamorarse, me he enamorado en octubre. Seguro que empezarán los preparativos para Cancún, el Cervantino, el congreso de la AMEI y durante todo eso aguantaré mi dolor octubrino, siempre llega, ese canijo dolor de ombligo...
Noviembre viene con el recuerdo de la muerte de mi tío Héctor y con el dulce de calabaza, las calaveras de chocolate, las flores de cempazuchitl, el papel picado, veladoras, ofrendas, convivencia con los muertos, días de ausencias y melancolías.
Diciembre y las posadas, el ponche reconfortante en noches tristes, frías y solitarias, mis diciembres siempre son solitarios, este llegará con promesas de visitas anheladas, de encuentros deseados y de promesas por cumplir.
Y aunque los últimos cuatro meses me encantan y aunque creo que es la mejor parte del año, estoy a-te-rra-da... saber que ya se acaba un año más, que llega el grito y luego el halloween, el día de muertos y después el cumpleaños de la China que indica que ya estamos terminando noviembre, las posadas, navidad y año nuevo... fin.
sábado, 29 de agosto de 2009
De vuelta
miércoles, 26 de agosto de 2009
Coffee lie
jueves, 20 de agosto de 2009
Juke Box
Se sentía dichosa, afortunadamente su juke box interna tenía buenas elecciones y todas las canciones eran felices o al menos ella lo creía así. Por eso caminaba dando saltitos de vez en cuando y también de cuando en cuando hacía piruetas, la gente en la calle volteaba a verla y pensaba que estaba loca ¡pero no! No estaba loca... ¡estaba feliz!
miércoles, 5 de agosto de 2009
Martes gris
Nunca logro tal objetivo, salgo de la oficina y algo se presenta, una llamada, un correo, la librería, la biblioteca, un cafecito, o un mensaje me detienen y en lugar de tomar el transporte a casa, siempre me dirijo a otro lado ¿qué hacer? Me gusta la vagancia (diría mi mamá).
Ayer, antes de la hora de la comida, recibí un correo que convocaba a una reunión en el ya conocido lugar que se encuentra en el andador de Regina. No podía negarme, a pesar de que ya no me gustan las cervezas (de nuevo), compartir una tarde lluviosa con amigos se me hizo el mejor plan para un martes gris.
Salí de la oficina y caminé bajo la lluvia disfrutando cada gota, hace mucho que no lo hacía, los tacones y la ropa de tintorería no se llevan con la lluvia, desde que trabajo no me había mojado como ayer, ya lo extrañaba. Después de 20 minutos de lluvia, llegué al lugar de la reunión, algunos ya estaban, otros fueron llegando pasada la media hora.
Todo era perfecto, afuera una lluvia torrencial y relámpagos seguidos de truenos estruendosos, yo adentro con buenos amigos. Entre la cerveza amarga, la botana medio rancia y la deliciosa charla yo estaba tan encantada que ni tiempo tuve de asustarme por los truenos.
Sin yo quererme ir, pero con la opción de llegar en coche a mi casa y lo mejor es que yo no iría manejando, acepté que pasara por mí. Pensé que llegaría rapidísimo, a las nueve de la noche ya no hay tantos coches en la ciudad (ajá).
Dos horas y media más tarde seguíamos en el auto, el tránsito estaba detenido, las gotas de lluvia se multiplicaban infinitamente, el metro no servía y toda la gente invadía los carriles de circulación buscando un modo de llegar a casa, era muy tarde y los coches no avanzaban, recordé a Cortázar y su autopista del sur, me asusté, pensé que era una pesadilla…
… pasada la media noche llegamos a casa, el recuento de los daños: tres horas de camino, tres pasajeros más; dos señoras y mi hermano al que encontramos en la multitud abandonada a su suerte, mucha hambre y mucho sueño.
Ni modo, otro día que llego a casa a la media noche… ya estoy más que acostumbrada.
lunes, 13 de julio de 2009
Con dedicatoria
Y ahí vamos nosotros queriendo esquivarla, buscando atajarnos sin éxito. ¿Y es que cómo podríamos tener éxito si la tormenta somos nosotros?
Qué más quisiera yo alejarte de la tormenta y llevarte a un Oasis, pero el Oasis solo puedes encontrarlo tú.
No puedo prometerte que al terminar esta tormenta no encontrarás otras, lo único que puedo hacer es prometerte que saldrás de esta, que mientras te encuentres en ella yo iré a tu lado y cuando salgas, encantada compartiré tu Oasis, y si en el camino se te atraviesan más tormentas también te acompañaré.
Lo importante de todo esto es que al terminar la tormenta de arena habrás aprendido algo…
Deseo que pronto termine tu tormenta.
domingo, 3 de mayo de 2009
Y así fue...
Confundí tu coche algunas veces y tontamente saludé a algunas personas que me veían con cara de sorpresa, tal vez por la confusión o tal vez por mi atuendo. Hoy fue así, todos volteaban a verme. Por bonita, por ridícula, por interesante, por folclórica, por el buen gusto, por el malo… ¡quién sabe!
Llegaste con esa sonrisa y esos ojos que me encantan, subí al coche y no pude evitar saludarte con un beso en la comisura de los labios, no te conformaste con eso y buscaste el beso en la boca. Cedí. También lo deseaba. Iríamos a comer y no sabíamos a donde, propusiste el mercado, supe que no querías ir allá pero necesitabas tiempo para pensar en otro lado, yo definitivamente no tenía ganas de proponer algo. Emprendimos el camino y se nos cruzó un cafecito, pensé q no era tanta coincidencia y que seguramente tú ya habías ido, más tarde lo confirmé.
El lugar estaba lindo, la comida buena, la compañía inmejorable para ese momento. Platicamos muy a gusto, contándonos los pormenores de los últimos meses. Yo de mi viaje, tú de tu tedio, yo
sábado, 2 de mayo de 2009
Pongámonos de acuerdo
¿Loca yo?
jueves, 23 de abril de 2009
Me falta tiempo
Ellos llegan y me gustan y yo pienso que no tengo tiempo, tiempo para conocerlos, con concierto y cerveza en lunes e inauguración en martes, cafecito en miércoles y cine el jueves, con viernes de amigos, sábado de fiesta y domingo en familia, no hay tiempo, nunca hay tiempo.
Y ellos continúan su camino, se van lejos y yo me quedo con mi vida agitadamente cotidiana.
jueves, 16 de abril de 2009
Sala Nezahualcóyotl
Nos miramos y supimos que queríamos lo mismo, nos deseábamos el uno al otro. Sin pensarlo demasiado empezamos a buscar un lugar, un rincón escondido, la sombra de un árbol o cualquier espacio que fuera cómplice de nuestro deseo y que escondiera nuestra aventura. Algunos amigos me han contado que no es difícil encontrar un lugar de esos por ahí, nosotros no teníamos suerte. No recuerdo en qué momento entramos al recinto, subimos tantas escaleras que al pisar el último escalón, yo estaba exhausta. Entramos a la sala e inmediatamente me tiré en una butaca, la melodía que venía del centro del escenario era exquisita. Con la ayuda del sonido pronto me recuperé, aún te deseaba y tú a mí.
Mejor lugar no podíamos haber encontrado, un ensayo, ningún espectador, nosotros solos y un concierto como compañía, nos entregamos al deleite, de ti, de mí, de la música, los sabores, el sonido, las emociones…
De pronto desperté, era martes, estaba en la sala repleta de gente, casi frente al escenario, a mi lado estaba Athenea, estábamos en un concierto y no estabas tú.
lunes, 30 de marzo de 2009
Desde el Sahara para mí!
Hablando de ausencias y lejanías...
Fue un placer despertar esta mañana, prender la computadora y encontrar este video que llega directito del Sahara.
Yo sabía que algo increíble sucedería...
“La esperanza del Sahara Occidental”
Lo que pareciera un mar de arena
es un territorio lleno de esperanzas
que están brindadas por su gente
Aunque paradójicamente un desierto
es un lugar sin vida,
lo cierto es que la vitalidad se la
ha venido dando por más de tres décadas
el pueblo emprendedor que es
el producto de la combinación bereber
con las tribus africanas
Su historia no ha sido
la más afortunada, pero
los grandes pueblos siempre
son recordados por su temple y
fortaleza, por eso
el saharaui siempre ha estado y
seguirá estando en el colectivo
social como la Nación africana
que en el Siglo XX
más tiempo y esfuerzos le
tomó serlo, enfrentándose para ello
a las más horrendas
potencias anárquicas que se han conocido:
las ambiciones de poder y dinero,
atropellando los derechos elementales
de cualquier ser humano.
Todos los movimientos sociales que
apoyan la causa saharaui son el ancla
de la esperanza de este maravilloso pueblo
del que muchos de nosotros
debemos aprender a que así
como ellos lo han hecho, así
se templo el acero…
…como bien lo diría Nikolai Ostrovski
Con el esfuerzo de todos…y aunque
tengan que transcurrir cien años…
…el Sahara Occidental será Libre.
Malak
domingo, 22 de marzo de 2009
martes, 17 de marzo de 2009
La ausencia lima y destruye una relación.
Afortunadamente descubrí que existen varios tipos de ausencia, y aunque físicamente muchos pedacitos de mi vida se encuentran lejos y he estado privada de ellos, siguen existiendo y están presentes.
Desde hace ya algún tiempo mis relaciones han estado basadas en la ausencia, en esa ausencia que trae consigo la melancolía y la añoranza. Esa ausencia que provoca estar más presente que nunca, esa ausencia que encadena los recuerdos a las cosas más simples como escuchar tal o cual canción, comer un trozo de pizza o beber una cerveza.
En mi caso las ausencias fortalecen relaciones.