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Lleva mucho tiempo esperando, los otros ya se han desvanecido igual que él, el tiempo los borró, algunos solo permanecen en libros; ella sigue ahí, inmóvil, mirando al horizonte en aquellos jardines que obtuvo para disfrutarlos cuando él volviera.
La gente pasa, turistas, oficinistas, migrantes, parisinos. Nadie la reconoce.
Sus días se han hecho años, años que se hicieron siglos...
María siempre ahí y Enrique nunca vuelve.
Se sienta en la misma banca. Pide un café, el mismo de siempre, y enciende un cigarro.
ResponderEliminarMaría se ha perdido, quizá no conoce la ruta de regreso. Es probable que Enrique fume con prisa, con ansia de un enfisema pulmonar porque cree que María ya murió.