Y esa noche se lavó los dientes como nunca antes, quería borrar de su boca esos besos, los besos de la infamia. Su maldita arma mortal. Sabía que lo había aniquilado y se arrepentía. Nunca quiso hacerle daño.
Se miró en el espejo y se odió, se maldijo. Cepilló sus dientes, su lengua e incluso sus labios deseando borrar las huellas de su estupidez incluso de los labios de él. Quiso borrarle la memoria, regresar el tiempo.
Se odió por ser tan débil.
Esa noche se desprecio como nadie y como a nadie. Nunca creyó odiar. Esa noche odio como nunca antes, también se odiaba.
Se sintió la peor mujer del mundo ¿lo amaba? ¡quién sabe! no quería estar con él. No quería tenerle lastima y la estaba teniendo. Se aborrecía por eso y por todo.
No se reconocía, nunca supo en que momento cambió. Se sentía despreciable.
Por su soberbia, por no querer hacerlo sentir mal, se equivocó, no supo manejarlo... Y ahora el corazón de él estaba lacerado, encogido, sufría.
Se imaginó borrándose de la memoria de ese hombre.
En la vida nunca imaginó llegar a este momento. No imaginaba ser tan ponzoñosa, nunca imaginó causar tanto dolor. Se supo maldita. Descubrió lo peor de ella. No supo arreglar las cosas.
Quiso morir, desaparecer, desvanecerse... no para mitigar su sufrimiento, lo sentía justo; quería mitigar el dolor de él, hacer un pacto con el diablo, lo que fuera.
Esa noche durmió encogida, sintiéndose cucaracha.
sábado, 19 de diciembre de 2009
Human cockroach
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