Saber que cuando te desnudas de la ropa, también desnudas el alma, es la más bonita forma de entregarse, construir la intimidad sincera.
Entregarte a una persona es un acto de verdadera intimidad, en él te despojas de todo. Va más allá que quitarte la ropa, es desnudarte, pero al mismo tiempo no sentirte incómoda con esa desnudez, te vas envolviendo con el otro, con las capas de su intimidad, con su propia desnudez.
Dejas a un lado pudores, amores pasados, futuros, lejanos; te entregas completamente. ¡Qué bien se siente amar así! Tan libre, amar con el cuerpo y con el alma. Amar el cuerpo y amar el alma.
Amarse con tangos, música clásica, brit pop. Amarse durante la novela y luego en el noticiero.
Amarse entre las sábanas después de haber discutido un libro de Thoreau, y repasado la buena música de algunas bandas inglesas. Amarse en silencio con susurros y respiraciones agitadas o amarse con música de fondo y gemidos incontrolables.
Amarse durante un concierto, amarse al calor de una fogata, amarse durante el viaje, durante la estancia. Amarse sin clichés o con todos ellos. Amarse como en aquella película francesa o como los amantes italianos. Amarse durante la batalla y durante la guerra fría.
Amarse durante la cena, amarse con la luz bajita que dibuja sombras que también se aman. Amarse con olor a hombre, a mujer. Amarse con los ojos cerrados y los labios entreabiertos, amarse con el pelo suelto. Amarse a la luz de la luna. Amarse al amanecer. Amarse acostados, sentados, de pie. Amarse con las manos, amarse de rodillas, amarse con la lengua. Amarse cada poro, cada vello, cada lunar, cicatriz, cada hueso.
Amarse en imágenes, en textos, en canciones, en cartas. Amarse por correo, por mensaje, por el chat.
Amarse así, porque somos nuestros y a la vez de nadie. No nos pertenecemos y a la vez nos damos y nos reconocemos. Ser de nosotros, sin importar si dentro de una hora o saliendo de aquí, somos de alguien más.
Amarse sin preguntar qué depara el destino.
Amarse toda la vida, así la vida dure seis horas en una habitación de hotel una vez al mes.
Entregarte a una persona es un acto de verdadera intimidad, en él te despojas de todo. Va más allá que quitarte la ropa, es desnudarte, pero al mismo tiempo no sentirte incómoda con esa desnudez, te vas envolviendo con el otro, con las capas de su intimidad, con su propia desnudez.
Dejas a un lado pudores, amores pasados, futuros, lejanos; te entregas completamente. ¡Qué bien se siente amar así! Tan libre, amar con el cuerpo y con el alma. Amar el cuerpo y amar el alma.
Amarse con tangos, música clásica, brit pop. Amarse durante la novela y luego en el noticiero.
Amarse entre las sábanas después de haber discutido un libro de Thoreau, y repasado la buena música de algunas bandas inglesas. Amarse en silencio con susurros y respiraciones agitadas o amarse con música de fondo y gemidos incontrolables.
Amarse durante un concierto, amarse al calor de una fogata, amarse durante el viaje, durante la estancia. Amarse sin clichés o con todos ellos. Amarse como en aquella película francesa o como los amantes italianos. Amarse durante la batalla y durante la guerra fría.
Amarse durante la cena, amarse con la luz bajita que dibuja sombras que también se aman. Amarse con olor a hombre, a mujer. Amarse con los ojos cerrados y los labios entreabiertos, amarse con el pelo suelto. Amarse a la luz de la luna. Amarse al amanecer. Amarse acostados, sentados, de pie. Amarse con las manos, amarse de rodillas, amarse con la lengua. Amarse cada poro, cada vello, cada lunar, cicatriz, cada hueso.
Amarse en imágenes, en textos, en canciones, en cartas. Amarse por correo, por mensaje, por el chat.
Amarse así, porque somos nuestros y a la vez de nadie. No nos pertenecemos y a la vez nos damos y nos reconocemos. Ser de nosotros, sin importar si dentro de una hora o saliendo de aquí, somos de alguien más.
Amarse sin preguntar qué depara el destino.
Amarse toda la vida, así la vida dure seis horas en una habitación de hotel una vez al mes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario